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NELSON MÉNDEZ
[Publicado el 25 de enero de 2001 en http://www.analitica.com/BITBLIO/nelson_mendez/]
Desde comienzos de 1998, un conflicto se ha desarrollado en el suroeste de Venezuela, referido a la construcción de la línea de transmisión eléctrica que partiendo desde la central hidroeléctrica Macagua II, cerca de Puerto Ordaz, en el Estado Bolívar, llega hasta Boa Vista, capital del Estado de Roraima en la frontera norte de Brasil. Esto ha implicado deforestación, movimientos de tierra y edificación de instalaciones que afectan unas 1600 hectáreas de territorio venezolano, pues el trayecto del tendido (que comprende ubicación de torres, construcción de subestaciones y corredor de servicios) atraviesa con una franja ininterrumpida de 140 metros de ancho la región que va entre sus puntos de origen y destino.
En el lado venezolano, ese trayecto pasa por tres áreas que el propio régimen legal vigente en el país ha considerado que deben ser especialmente protegidas: la Reserva Forestal de Imataca, el Parque Nacional Canaima y la Zona Protectora Sur del Estado Bolívar. Tal protección especial obedece a las condiciones particulares de biodiversidad, recursos hídricos, topografía y geología que hacen del flanco norte de la selva amazónica —la región de Guayana— un auténtico patrimonio natural del planeta, donde cualquier intervención de la tecnología moderna debe ser vigilada cuidadosamente, por su potencial efecto nocivo en un ámbito natural insustituible para el cual no está diseñada. En este sentido, el tendido eléctrico tiene implicaciones peligrosas desde todo punto de vista. Aquí se trata de deforestar no solo en los bosques de la Reserva de Imataca y de la Sierra de Lema (sobre los cuales penden amenazas de explotación aurífera muy destructiva), sino que la trocha se extiende por las nacientes de los ríos Karuaí, Aponguao y Carrao, todos ellos afluentes importantes del río Caroní. Abrir allí una cicatriz de 140 metros de ancho y más de 440 kilómetros de largo tiene un impacto ambiental que no se puede aún determinar con exactitud debido al mismo desconocimiento que se tiene acerca de la zona, pero respecto al cual precedentes similares indican que la devastación sería enorme, más aún si consideramos la incapacidad sin par del Estado venezolano para hacer cumplir a otros y a sí mismo las regulaciones de protección ambiental.
Por si fuera poco, ni las comunidades indígenas (esencialmente de la etnia pemón) ni los habitantes criollos del sur de Bolívar fueron tomados en cuenta por este proyecto, sobre el cual no se les hicieron consultas previas y se les quisieron imponer hechos consumados, llegando al extremo de hacer pasar el tendido eléctrico por diversas poblaciones, originando una seria amenaza para la salud y la seguridad de la gente que allí vive. Las numerosas picas y caminos necesarios para la construcción y mantenimiento de la obra son otros tantos riesgos para la conservación de hábitats y recursos invalorables. Agréguese a lo anterior que el trazado de la línea tiene un impacto visual y paisajístico tan negativo que hasta las empresas ligadas al turismo en la zona se unieron a la protesta general.
La decisión sobre tal intervención funesta deriva del contrato que firmaron en 1997 dos empresas estatales de electricidad, Edelca de Venezuela y Electronorte de Brasil. En ese acuerdo la empresa venezolana se compromete a realizar el tendido por 90 millones de dólares, para vender durante 10 años a su contraparte brasilera el kilovatio-hora por 9 bolívares, cuando en Venezuela se estaba pagando en 1998 hasta 39 bolívares por el kilovatio-hora. Se impone destacar la continuidad que en relación a este asunto han tenido los gobiernos de Caldera y Chávez, con la paradójica circunstancia de que ahora los principales defensores del proyecto desde el poder son algunos de los que hasta febrero de 1999 eran vociferantes adversarios.
Con esta actitud, el Estado venezolano se asocia al sostenido esfuerzo depredador que el Estado brasileño y empresas transnacionales vienen realizando en el norte de la Amazonía. Desde hace tiempo, pero particularmente en años recientes, los pretextos de «apoyar la integración binacional» y «desarrollar las fronteras comunes» han servido para justificar convenios que facilitan tanto el saqueo a bajo coste las riquezas naturales amazónicas como desaguar en esa región las tensiones sociales que se padecen en las zonas más densamente pobladas de Brasil. Por supuesto, las víctimas fundamentales de ese proceso son el medio ambiente destruido irreversiblemente, los indígenas exterminados sin piedad, y los «caboclos», mestizos pobres que son carne de cañón para la guerra contra la Amazonía. Los que ganan son los mismos factores de poder político y económico, brasileros y transnacionales, que desde hace tres decenios han destruido la mayor selva tropical lluviosa del planeta a una tasa de deforestación, medida por satélite, de 5 hectáreas por minuto.
Por otra parte, este proyecto es parte de la estrategia por crear las condiciones más favorables a las empresas de explotación minera y forestal que el gobierno venezolano desea atraer al centro y sur de la Guayana venezolana, y no sólo para asegurarles energía barata, sino en cuanto a servir de termómetro para medir la reacción que esta clase de iniciativa genera entre los indígenas, los grupos ecologistas y la población en general. Salirse con la suya en esto significará avanzar en una política más agresiva en cuanto al aprovechamiento de los recursos naturales de la región, dejando de preocuparse tanto por mantener las apariencias en lo que concierne al denominado desarrollo sustentable o sostenible, coartada al uso en los últimos tiempos que ya luce contradictoria viendo las intenciones abiertamente ecocidas de los factores estatales y económicos involucrados.
El gobierno de Caldera intentó justificar sus prisas en esta iniciativa por supuestos «daños económicos» para la nación si se incumplía lo convenido, pero su debilidad política y la circunstancia de hallarse en su último año - además, en medio de un movido proceso electoral - impuso que tuviese que dejar la conclusión del tendido al siguiente equipo gobernante, que resultó ser el encabezado por el candidato que más abiertamente se refirió al asunto y prometió detener su construcción. El discurso de Chávez fue cambiando una vez estuvo en la presidencia, así que para fines de 1999 los gobernantes de la V República dejaban clara su intención de concluir los trabajos del proyecto. Para justificar el cambio de actitud se alegó una reformulación de lo pautado bajo Caldera, por lo que ahora si se tendría muy en cuenta minimizar los riesgos ecológicos, económicos y sociales que pudiese acarrear la obra. Lo cierto es la obra siguió en marcha igual y los supuestos cambios no se vieron en ninguna parte.
Pero lo que no estaba en el libreto tecnocrático eran la magnitud y persistencia que tendría la oposición frente a este proyecto. Allí se hizo presente el activismo de los grupos ecologistas - coordinado a través de la Coalición Contra el Tendido Eléctrico hacia el Brasil -, pero el papel predominante lo han tenido los habitantes del área afectada, en particular los indígenas pemones. El esfuerzo de esta oposición logró que el problema comenzará a tener cierta relevancia ante los medios de difusión y la opinión pública nacional, con el resultado inicial de impedir que la línea se concluyese con la celeridad y discreción que los poderes interesados hubiesen deseado.
Como ya apuntamos, las circunstancias políticas de 1998 y principios de 1999 impidieron un compromiso oficial más firme con el tendido eléctrico, pero la consolidación del gobierno chavista le permite retomar la conclusión del proyecto con un piso más sólido que su antecesor, ya que incluso ahora contaba con la división de los opositores del tendido, pues algunos de los más destacados estaban comprometidos con el nuevo grupo en el poder y empezaron a convencer a los pobladores de la zona respecto a que los «compatriotas» al mando decidirían lo mejor para el país y para Guayana. Como esto no dio los resultados esperados en cuanto a acallar las protestas y liquidar su base social en la zona, se recurrió al clásico repertorio de sobornar con cargos y recursos a dirigentes y organizaciones indígenas, descalificar - o hasta criminalizar - a la oposición acusándola de «agente de intereses foráneos» (antes era «el extremismo izquierdista», ahora son «los reaccionarios externos y sus sirvientes internos»), y al acoso policial-militar, iniciado en enero de 2001 con la ocupación de los poblados de la Gran Sabana donde se venía manteniendo con más firmeza la protesta indígena.
Pero con todo la pelea contra el tendido eléctrico se sigue dando, con expresiones a través de los medios de difusión, en recursos legales, en manifestaciones y en la acción directa de las comunidades afectadas para detener la obra. Para esa lucha es importante informar sobre sus razones y, más aún, ganar solidaridades activas dentro y fuera de Venezuela; por ello hemos escrito estas líneas...
Más información y contactos sobre el tema en los websites:
Carta de caciques y miembros de las comunidades indígenas al Presidente Chávez http://csf.colorado.edu/mail/elan/2000/msg00847.html
Comunicado de la Coalición Contra el Tendido Eléctrico hacia Brasil http://csf.colorado.edu/mail/elan/2000/msg00850.html
Comunicado de AMIGRANSA «La Gran Sabana herida de muerte» http://csf.colorado.edu/mail/elan/2000/msg00859.html
Declaraciones de A. Luzardo al diario El Expreso de Ciudad Bolívar http://csf.colorado.edu/elan/2000/msg00862.html
Artículos: «Guayana va a la silla eléctrica», «Guayana: nuevos retos, viejos ecocidios», «Las miserias del tendido eléctrico» y «Chávez miente», publicados en El Libertario y accesibles en www.geocities.com/samizdata.geo/LIB.html
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viernes, 2 de enero de 2009
Pensando en Sydney 2000: por el deporte y contra "El Deporte"
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NELSON MÉNDEZ
[Publicado en EL LIBERTARIO, # 22, Caracas, 2001]
Vienen los Juegos Olímpicos y reafirman lo que es bien sabido, que "hacer Deporte" está de moda, al igual que el cuido narcisista de la salud individual asociado a la "Práctica Deportiva" mas promocionada; pero ¡cuidado!: tanto el Deporte como la Salud tal como nos los venden - así, con las mayúsculas de la institucionalización - tienen poco de inocentes.
Es fácil darse cuenta que la identidad entre los dos cumple, entre otras cosas, la función de manejar el miedo a caer enfermos que se pretende imponernos para provecho de algunos intereses, y por otro lado, mientras estamos tan absortos en la vigilia autista por la salud personal nos desatendemos de la destrucción del entorno natural y social, por parte de instituciones y empresas dedicadas a sacar tajada, directa o indirectamente, de la hipocondria instaurada en la gente. Como evidencia, aquí va un ramillete de paradojas del Deporte de Alta Competencia, cuya vitrina por excelencia son las Olimpiadas, y al que hay que dar la espalda lo antes posible, ya que la caricatura del Deporte de Élite revela lo monstruosa de la "normalidad" en que se sustenta:
1) ¿No presume el Deporte de ser manantial de salud?, ¿no gusta alardear con cursilerías como las de "mente sana en cuerpo sano"? Lo que se puede apreciar cotidianamente es que cuanto más Deportista se es más enfermo se está. El Deportista de Élite casi literalmente tiene como segunda casa la del médico. Cuando no anda lesionado, tiene alguna molestia y cada dos por tres debe operarse, o darse masaje para recuperarse, o inyectarse y tomar cuantas pastillas y menjurjes sea posible, o en relajación, o en rehabilitación, o en chequeo clínico. Y en algunos deportes hay que ver como salen a pistas o canchas: con rodilleras, espinilleras, hombreras, coderas, vendajes y quien sabe cuantas cosas más que las cámaras no muestran. Además, según se especializan, porque el productivismo exacerbado lo exige en el Deporte como en todas partes (cada uno apretando todo el día la misma tuerca), son candidatos ideales para desarrollar una espléndida colección de atrofias, erosiones y tendonitis para el resto de sus vidas. Y esto sin entrar a analizar los efectos que puede traer la farmacopea a que se someten la mayoría de ellos, ya sea con complementos reanimadores, ya sea con hormonas. La evidente extensión del dopaje en estos ambientes, ¿no revela gran parte de la miseria del Deporte?
2) Supuestamente, la misión de las Ciencias es hacernos el mundo más llevadero, procurarnos felicidad, crear máquinas y procesos que nos liberaran lo mas posible del trabajo tedioso y no creativo, para así podernos dedicar a cosas mas gratificantes y humanizadoras. Pero respecto a lo que atañe al Deporte ocurre claramente todo lo contrario, y tenemos: una Biomecánica que nos convierte en un amasijo de poleas, resortes, palancas y gomas elásticas; una Fisiología del Esfuerzo obstinada en trastocarnos en esponja absorbente de sustancias que después se escurrirán en forma de energía, de calor, de agua o lo que se le ocurra; una Psicología del Deporte interesada en cosas como "cuántos mili segundos tarda el músculo en reaccionar al estímulo" o en aplacar los temores ante las situaciones de tensión anímica en que suele estar la alta competencia. La Psicología del Deporte nos quiere en cierto modo enajenados, pues solo así se es capaz de aguantar esos altos niveles de presión. Para ello se sirve de numerosas técnicas de concentración y relajación, algunas de las cuales no habían nacido con ese propósito. Es por tanto una psicología que nos reduce a emisores y receptores de estímulos, para anularnos el razonable miedo, y todo eso en pos de eficacia, de rendimiento, de búsqueda del triunfo a costa de pasarlo mal. Otras Ciencias serian fieles ayudantas que complementan a las mencionadas para poder conseguir sus objetivos.
3) Cuanto más Deportista se es, más impregnada se lleva la camiseta de marcas. El Deportista convertido en hombre o mujer anuncio. El Deportista, encima que se llena de sacrificios, resulta que en el fondo lo que importa es que luzca ampliamente las marcas, al igual que el ganado, o peor aun, llevándolas por propio gusto. Son marcas que el Estado y la Empresa le ponen convirtiéndolo en cartel publicitario, como mera fachada que revela el vacío interior, como puro maniquí dinámico, y con el deber de sacar la sonrisa en medio del agotamiento final, todo para que la foto quede en su sitio y no de grima mirar un rostro roto por el esfuerzo, para que quede bien enmarcada la marca y los diferentes mass-media puedan vender su mercancía.
4) Había actividades al aire libre que se libraban de las plagas mencionadas, y digo había porque también ellas van siendo asimiladas al mundo del Deporte y la competencia institucionalizada. Montar en bicicleta por caminos agrestes se ha convertido en "trial bike" o en "mountain bike", formas que implican un trato agresivo del entorno natural; el romanticismo que contenía la escalada está siendo reducido cada vez mas al mundo competitivo, a la profesionalización, a la sumisión a la itinerante feria de las modas y de las novedades, en estos últimos casos bajo la fachada cirquense de los "Deportes Extremos". Con todo esto, lo de dejarse oler, dejar que el paisaje entre por los ojos en forma plena, mirar los animales, escuchar el sonido del agua se reduce a casi nada, pues quedan sujetos como el resto de los Deportes a la presión del tiempo abstracto y lineal o la obsesión por el puesto.
5) Al Deporte y a sus promotores les gusta alardear de que allí se hacen las cosas con juego limpio y fomentando un buen clima afectivo entre los participantes. Quien lo ha visto ya sabe o intuye que esto es falso, que en el Deporte con mayúsculas es muy difícil que eso llegue a darse. Miren lo que les cuesta saludarse antes y al final de los partidos, o en las líneas de salida de carreras, carreteras y piscinas (De hecho, muchas veces los reglamentos prohiben expresamente, como a soldados en batalla, la "fraternización con el rival"). ¿Y los constantes brotes de violencia verbal y física que aparecen en una competicion de la elite?, ¿Esa es la deportividad, el fair play que quieren mostrarnos?. No es posible la fraternidad entre competidores ya que los ideales de ganar dinero y prestigio están por encima, por ellos no se vive la actividad con la suficiente alegría y desprendimiento de los intereses de uno que seria deseable.
Aun así, deseo invitarte a que sigas jugando, paseando, nadando o lo que se te ocurra, pero por favor, no lo hagas por la Salud, (ni por dinero o éxito) o sea por tu miedo, hazlo por placer, y sin llamarlo "hacer Deporte", llámalo por su nombre... o déjalo sin tal, tal vez así, sin saber para que nos movemos, podremos hasta disfrutarlo como los niños.
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NELSON MÉNDEZ
[Publicado en EL LIBERTARIO, # 22, Caracas, 2001]
Vienen los Juegos Olímpicos y reafirman lo que es bien sabido, que "hacer Deporte" está de moda, al igual que el cuido narcisista de la salud individual asociado a la "Práctica Deportiva" mas promocionada; pero ¡cuidado!: tanto el Deporte como la Salud tal como nos los venden - así, con las mayúsculas de la institucionalización - tienen poco de inocentes.
Es fácil darse cuenta que la identidad entre los dos cumple, entre otras cosas, la función de manejar el miedo a caer enfermos que se pretende imponernos para provecho de algunos intereses, y por otro lado, mientras estamos tan absortos en la vigilia autista por la salud personal nos desatendemos de la destrucción del entorno natural y social, por parte de instituciones y empresas dedicadas a sacar tajada, directa o indirectamente, de la hipocondria instaurada en la gente. Como evidencia, aquí va un ramillete de paradojas del Deporte de Alta Competencia, cuya vitrina por excelencia son las Olimpiadas, y al que hay que dar la espalda lo antes posible, ya que la caricatura del Deporte de Élite revela lo monstruosa de la "normalidad" en que se sustenta:
1) ¿No presume el Deporte de ser manantial de salud?, ¿no gusta alardear con cursilerías como las de "mente sana en cuerpo sano"? Lo que se puede apreciar cotidianamente es que cuanto más Deportista se es más enfermo se está. El Deportista de Élite casi literalmente tiene como segunda casa la del médico. Cuando no anda lesionado, tiene alguna molestia y cada dos por tres debe operarse, o darse masaje para recuperarse, o inyectarse y tomar cuantas pastillas y menjurjes sea posible, o en relajación, o en rehabilitación, o en chequeo clínico. Y en algunos deportes hay que ver como salen a pistas o canchas: con rodilleras, espinilleras, hombreras, coderas, vendajes y quien sabe cuantas cosas más que las cámaras no muestran. Además, según se especializan, porque el productivismo exacerbado lo exige en el Deporte como en todas partes (cada uno apretando todo el día la misma tuerca), son candidatos ideales para desarrollar una espléndida colección de atrofias, erosiones y tendonitis para el resto de sus vidas. Y esto sin entrar a analizar los efectos que puede traer la farmacopea a que se someten la mayoría de ellos, ya sea con complementos reanimadores, ya sea con hormonas. La evidente extensión del dopaje en estos ambientes, ¿no revela gran parte de la miseria del Deporte?
2) Supuestamente, la misión de las Ciencias es hacernos el mundo más llevadero, procurarnos felicidad, crear máquinas y procesos que nos liberaran lo mas posible del trabajo tedioso y no creativo, para así podernos dedicar a cosas mas gratificantes y humanizadoras. Pero respecto a lo que atañe al Deporte ocurre claramente todo lo contrario, y tenemos: una Biomecánica que nos convierte en un amasijo de poleas, resortes, palancas y gomas elásticas; una Fisiología del Esfuerzo obstinada en trastocarnos en esponja absorbente de sustancias que después se escurrirán en forma de energía, de calor, de agua o lo que se le ocurra; una Psicología del Deporte interesada en cosas como "cuántos mili segundos tarda el músculo en reaccionar al estímulo" o en aplacar los temores ante las situaciones de tensión anímica en que suele estar la alta competencia. La Psicología del Deporte nos quiere en cierto modo enajenados, pues solo así se es capaz de aguantar esos altos niveles de presión. Para ello se sirve de numerosas técnicas de concentración y relajación, algunas de las cuales no habían nacido con ese propósito. Es por tanto una psicología que nos reduce a emisores y receptores de estímulos, para anularnos el razonable miedo, y todo eso en pos de eficacia, de rendimiento, de búsqueda del triunfo a costa de pasarlo mal. Otras Ciencias serian fieles ayudantas que complementan a las mencionadas para poder conseguir sus objetivos.
3) Cuanto más Deportista se es, más impregnada se lleva la camiseta de marcas. El Deportista convertido en hombre o mujer anuncio. El Deportista, encima que se llena de sacrificios, resulta que en el fondo lo que importa es que luzca ampliamente las marcas, al igual que el ganado, o peor aun, llevándolas por propio gusto. Son marcas que el Estado y la Empresa le ponen convirtiéndolo en cartel publicitario, como mera fachada que revela el vacío interior, como puro maniquí dinámico, y con el deber de sacar la sonrisa en medio del agotamiento final, todo para que la foto quede en su sitio y no de grima mirar un rostro roto por el esfuerzo, para que quede bien enmarcada la marca y los diferentes mass-media puedan vender su mercancía.
4) Había actividades al aire libre que se libraban de las plagas mencionadas, y digo había porque también ellas van siendo asimiladas al mundo del Deporte y la competencia institucionalizada. Montar en bicicleta por caminos agrestes se ha convertido en "trial bike" o en "mountain bike", formas que implican un trato agresivo del entorno natural; el romanticismo que contenía la escalada está siendo reducido cada vez mas al mundo competitivo, a la profesionalización, a la sumisión a la itinerante feria de las modas y de las novedades, en estos últimos casos bajo la fachada cirquense de los "Deportes Extremos". Con todo esto, lo de dejarse oler, dejar que el paisaje entre por los ojos en forma plena, mirar los animales, escuchar el sonido del agua se reduce a casi nada, pues quedan sujetos como el resto de los Deportes a la presión del tiempo abstracto y lineal o la obsesión por el puesto.
5) Al Deporte y a sus promotores les gusta alardear de que allí se hacen las cosas con juego limpio y fomentando un buen clima afectivo entre los participantes. Quien lo ha visto ya sabe o intuye que esto es falso, que en el Deporte con mayúsculas es muy difícil que eso llegue a darse. Miren lo que les cuesta saludarse antes y al final de los partidos, o en las líneas de salida de carreras, carreteras y piscinas (De hecho, muchas veces los reglamentos prohiben expresamente, como a soldados en batalla, la "fraternización con el rival"). ¿Y los constantes brotes de violencia verbal y física que aparecen en una competicion de la elite?, ¿Esa es la deportividad, el fair play que quieren mostrarnos?. No es posible la fraternidad entre competidores ya que los ideales de ganar dinero y prestigio están por encima, por ellos no se vive la actividad con la suficiente alegría y desprendimiento de los intereses de uno que seria deseable.
Aun así, deseo invitarte a que sigas jugando, paseando, nadando o lo que se te ocurra, pero por favor, no lo hagas por la Salud, (ni por dinero o éxito) o sea por tu miedo, hazlo por placer, y sin llamarlo "hacer Deporte", llámalo por su nombre... o déjalo sin tal, tal vez así, sin saber para que nos movemos, podremos hasta disfrutarlo como los niños.
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No es pro-vida, es anti-aborto
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NELSON MÉNDEZ
[Publicado originalmente el 6 de febrero de 2001 en: http://www.analitica.com/bitblio/nelson_mendez/]
Entre los grupos de presión a quienes se han considerado favorecidos por el ascenso de George W. Bush a la presidencia de Estados Unidos, los medios de difusión resaltan al auto-denominado "Movimiento Pro-Vida", uno de los más conspicuos exponentes de lo que el auge derechista en proceso quiere imponer como "pensamiento único" para el comienzo del Siglo XXI, en un cóctel cuyos ingredientes son fundamentalismo religioso de variopinto pelaje, ideas tecnocráticas de asepsia sospechosa, más infaltables toques de xenofobia y racismo. Así mismo en Europa esta "nouvelle vague" reaccionaria ha tenido poderoso impulso manipulando ansiedades ante la disminución de la natalidad, el envejecimiento de la población y la inmigración de los "extra-comunitarios". Tampoco en América Latina hemos escapado al insistente alboroto de esta cruzada, así que es pertinente examinar su multisápida argumentación, en particular apuntando hacia su objetivo básico, que más que defender la existencia humana es hacer de la interrupción del embarazo un acto culpable, clandestino y peligroso, sin proponerse eliminar sus causas o tornarlo innecesario, ya que sólo piden represión del hecho.
La base principal del ideario de estos antiabortistas - pues ello es lo que son en esencia - está en su muy peculiar vitalismo: se asegura que el feto es vida humana para dar argumentos en base a un significado ambiguo del termino "vida". La cosa es hablar de vida en el feto con igual sentido a si se tratase de vida extrauterina, como si ya se presentase en el seno materno esa condición de autonomía y separación del otro que define la existencia individual humana. Se invoca el silogismo marrullero de: "el feto es vida", "la persona es vida", y por lo tanto "el feto es persona"; se podria decir igual: "el feto es vida", "el ministro corrupto es vida", luego "el feto es un ministro corrupto"; o también "el feto es vida", "mantener una familia con el salario mínimo no es vida", de ahí que "el feto no es mantener la familia con el salario mínimo".
Para evitar esas complicaciones lógicas, a veces se matiza calificando al embrión como "germen" o "simiente", ardid que elude el inconveniente de catalogar como persona a quien no lo es; pero a la hora de proponer sanciones, se habla de "indefenso niño", en malabarismo semántico para convertir lo que es (el mentado "germen") en lo que podría ser (persona, niño y hasta "individuo útil a la sociedad"). La base de todo es un principio que parece inatacable: el respeto absoluto a la persona humana, pues si se empieza por "matar" embriones, se seguiría con impedidos, ancianos y otros que estorben en una sociedad del asesinato legalizado. Esto sonaría convincente si se olvida el intencional enredo que el antiabortismo hace con el concepto de vida humana y en la definición de quién es persona. Si se entrampan a si mismos, allá ellos; pero pretender que los demás aceptemos su confusión de simiente con gente o, peor aún, atribuir al prójimo que no comparte sus lucubraciones siniestros designios de ahorcar viejitos, fusilar discapacitados o la eliminación de los feos no pasa de ser una solemne idiotez, y vaya Ud. a saber si hasta proyección en los demás de los propios deseos reprimidos. Que esto último no es especulación gratuita parecen evidenciarlo los infaltables sondeos estadísticos norteamericanos, que señalan a una amplia mayoría de estos paradójicos "paladines por la vida" aceptando y justificando tanto la pena de muerte en particular, como en general toda acción represivo-autoritaria de los poderes establecidos contra los que política y socialmente son más débiles.
7 pecados capitales del antiabortismo
1) Para sorpresa de nadie, los adversarios del aborto lo son también de difundir información sexológica comprensible y métodos anticonceptivos, como si les pareciera más peligrosa que el aborto la posibilidad de romper con una sexualidad reprimida, acomplejada e institucionalizada. Por eso - en el caso de Venezuela - poco les importa investigar y denunciar a las clínicas de aborto clandestino que impunemente se benefician de la situación, o se hacen de la vista gorda ante la incompetencia de los servicios públicos de salud en atender y educar a una colectividad que en este ámbito carece de casi todo. Mientras menos se sepa y más se tema por ignorancia de lo sexual tanto mejor, dirían los antiabortistas, especialmente refiriéndose al derecho de las mujeres para informarse y decidir sobre el propio cuerpo.
2) Se baten lanzas por defender "la vida del niño" en el seno materno, con furia generalmente inversa a la preocupación que esos combatientes del engendramiento suelen tener por una existencia plena fuera de allí, en particular si se trata de la infancia nacida en la pobreza, que en el mejor de los casos apenas es vista como merecedora de la caridad necesaria para mantener a esa chusma a raya.
3) Se estigmatiza como "asesinato" la cancelación voluntaria del embarazo, pero... ¿Acaso los abortos causados por hambre, insalubridad, malas condiciones laborales y brutalidad machista son legítimos y en nada condenables porque en ellos no hay libre decisión de la involucrada?... ¿Cómo pedir penalidad para el aborto por "antinatural" si es tan frecuente (un tercio o más de los embarazos humanos) su ocurrencia involuntaria?
4) Nada más se considera persona al embrión humano para culpabilizar la interrupción de la gravidez, nunca para extender ese reconocimiento a otros efectos como bautizo, cumpleaños, registro civil, herencia, sepelio, etc. Seguramente a los financistas del "Movimiento Pro-Vida" les debe parecer el colmo del extremismo que las trabajadoras de sus empresas reclamasen prima por hijos y prima por fetos.
5) El antiabortismo es a la par misógino y natalista a ultranza. La misoginia o antifeminismo es por considerar a la mujer como inferior, simple maquina reproductora al servicio de la especie (o de la "patria"), incapaz de determinar por si misma las condiciones de una maternidad feliz. El natalismo se expresa concibiendo la sexualidad esencialmente en términos de sus resultados reproductivos eficientes, una añeja concepción de las clases dominantes que parecía enterrada por la secularización cultural y los riesgos de la explosión demográfica, pero que ahora resurge en el capitalismo avanzado afincada en temores racistas y chauvinistas.
6) La tradición judeo-cristiana ve en lo sexual una manifestación en esencia pecaminosa y diabólica; jamás lo considera necesaria dimensión de humanidad, por el contrario, es pura animalidad que debe ser domesticada. Por eso las religiones occidentales siempre han repetido que el embarazo es "el fruto del pecado" o "el precio del placer", aunque se obvia que el disfrute de ese placer es, demasiadas veces, acto cuasi-masturbatorio del hombre que limita a la mujer como mera receptora pasiva y paciente, a quien los hijos le llegan no por su libre decisión sino porque "Dios quiere".
7) El Poder ha sentido desde siempre una profunda aversión por todo placer, diversión o juego que no pueda ser controlado o reprimido en sus potencialidades liberadoras ante la opresión y alienación cotidianas; recuérdese que pese a las apariencias de permisividad, el orden actual es receloso u hostil a expresiones de felicidad fuera de su control. Y en ello está además la contenida envidia de quienes piensan: "...si esos sinvergüenzas hacen eso y nada les castiga... ¿no estaré perdiéndome de lo bueno como un mismísimo pendejo?".
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NELSON MÉNDEZ
[Publicado originalmente el 6 de febrero de 2001 en: http://www.analitica.com/bitblio/nelson_mendez/]
Entre los grupos de presión a quienes se han considerado favorecidos por el ascenso de George W. Bush a la presidencia de Estados Unidos, los medios de difusión resaltan al auto-denominado "Movimiento Pro-Vida", uno de los más conspicuos exponentes de lo que el auge derechista en proceso quiere imponer como "pensamiento único" para el comienzo del Siglo XXI, en un cóctel cuyos ingredientes son fundamentalismo religioso de variopinto pelaje, ideas tecnocráticas de asepsia sospechosa, más infaltables toques de xenofobia y racismo. Así mismo en Europa esta "nouvelle vague" reaccionaria ha tenido poderoso impulso manipulando ansiedades ante la disminución de la natalidad, el envejecimiento de la población y la inmigración de los "extra-comunitarios". Tampoco en América Latina hemos escapado al insistente alboroto de esta cruzada, así que es pertinente examinar su multisápida argumentación, en particular apuntando hacia su objetivo básico, que más que defender la existencia humana es hacer de la interrupción del embarazo un acto culpable, clandestino y peligroso, sin proponerse eliminar sus causas o tornarlo innecesario, ya que sólo piden represión del hecho.
La base principal del ideario de estos antiabortistas - pues ello es lo que son en esencia - está en su muy peculiar vitalismo: se asegura que el feto es vida humana para dar argumentos en base a un significado ambiguo del termino "vida". La cosa es hablar de vida en el feto con igual sentido a si se tratase de vida extrauterina, como si ya se presentase en el seno materno esa condición de autonomía y separación del otro que define la existencia individual humana. Se invoca el silogismo marrullero de: "el feto es vida", "la persona es vida", y por lo tanto "el feto es persona"; se podria decir igual: "el feto es vida", "el ministro corrupto es vida", luego "el feto es un ministro corrupto"; o también "el feto es vida", "mantener una familia con el salario mínimo no es vida", de ahí que "el feto no es mantener la familia con el salario mínimo".
Para evitar esas complicaciones lógicas, a veces se matiza calificando al embrión como "germen" o "simiente", ardid que elude el inconveniente de catalogar como persona a quien no lo es; pero a la hora de proponer sanciones, se habla de "indefenso niño", en malabarismo semántico para convertir lo que es (el mentado "germen") en lo que podría ser (persona, niño y hasta "individuo útil a la sociedad"). La base de todo es un principio que parece inatacable: el respeto absoluto a la persona humana, pues si se empieza por "matar" embriones, se seguiría con impedidos, ancianos y otros que estorben en una sociedad del asesinato legalizado. Esto sonaría convincente si se olvida el intencional enredo que el antiabortismo hace con el concepto de vida humana y en la definición de quién es persona. Si se entrampan a si mismos, allá ellos; pero pretender que los demás aceptemos su confusión de simiente con gente o, peor aún, atribuir al prójimo que no comparte sus lucubraciones siniestros designios de ahorcar viejitos, fusilar discapacitados o la eliminación de los feos no pasa de ser una solemne idiotez, y vaya Ud. a saber si hasta proyección en los demás de los propios deseos reprimidos. Que esto último no es especulación gratuita parecen evidenciarlo los infaltables sondeos estadísticos norteamericanos, que señalan a una amplia mayoría de estos paradójicos "paladines por la vida" aceptando y justificando tanto la pena de muerte en particular, como en general toda acción represivo-autoritaria de los poderes establecidos contra los que política y socialmente son más débiles.
7 pecados capitales del antiabortismo
1) Para sorpresa de nadie, los adversarios del aborto lo son también de difundir información sexológica comprensible y métodos anticonceptivos, como si les pareciera más peligrosa que el aborto la posibilidad de romper con una sexualidad reprimida, acomplejada e institucionalizada. Por eso - en el caso de Venezuela - poco les importa investigar y denunciar a las clínicas de aborto clandestino que impunemente se benefician de la situación, o se hacen de la vista gorda ante la incompetencia de los servicios públicos de salud en atender y educar a una colectividad que en este ámbito carece de casi todo. Mientras menos se sepa y más se tema por ignorancia de lo sexual tanto mejor, dirían los antiabortistas, especialmente refiriéndose al derecho de las mujeres para informarse y decidir sobre el propio cuerpo.
2) Se baten lanzas por defender "la vida del niño" en el seno materno, con furia generalmente inversa a la preocupación que esos combatientes del engendramiento suelen tener por una existencia plena fuera de allí, en particular si se trata de la infancia nacida en la pobreza, que en el mejor de los casos apenas es vista como merecedora de la caridad necesaria para mantener a esa chusma a raya.
3) Se estigmatiza como "asesinato" la cancelación voluntaria del embarazo, pero... ¿Acaso los abortos causados por hambre, insalubridad, malas condiciones laborales y brutalidad machista son legítimos y en nada condenables porque en ellos no hay libre decisión de la involucrada?... ¿Cómo pedir penalidad para el aborto por "antinatural" si es tan frecuente (un tercio o más de los embarazos humanos) su ocurrencia involuntaria?
4) Nada más se considera persona al embrión humano para culpabilizar la interrupción de la gravidez, nunca para extender ese reconocimiento a otros efectos como bautizo, cumpleaños, registro civil, herencia, sepelio, etc. Seguramente a los financistas del "Movimiento Pro-Vida" les debe parecer el colmo del extremismo que las trabajadoras de sus empresas reclamasen prima por hijos y prima por fetos.
5) El antiabortismo es a la par misógino y natalista a ultranza. La misoginia o antifeminismo es por considerar a la mujer como inferior, simple maquina reproductora al servicio de la especie (o de la "patria"), incapaz de determinar por si misma las condiciones de una maternidad feliz. El natalismo se expresa concibiendo la sexualidad esencialmente en términos de sus resultados reproductivos eficientes, una añeja concepción de las clases dominantes que parecía enterrada por la secularización cultural y los riesgos de la explosión demográfica, pero que ahora resurge en el capitalismo avanzado afincada en temores racistas y chauvinistas.
6) La tradición judeo-cristiana ve en lo sexual una manifestación en esencia pecaminosa y diabólica; jamás lo considera necesaria dimensión de humanidad, por el contrario, es pura animalidad que debe ser domesticada. Por eso las religiones occidentales siempre han repetido que el embarazo es "el fruto del pecado" o "el precio del placer", aunque se obvia que el disfrute de ese placer es, demasiadas veces, acto cuasi-masturbatorio del hombre que limita a la mujer como mera receptora pasiva y paciente, a quien los hijos le llegan no por su libre decisión sino porque "Dios quiere".
7) El Poder ha sentido desde siempre una profunda aversión por todo placer, diversión o juego que no pueda ser controlado o reprimido en sus potencialidades liberadoras ante la opresión y alienación cotidianas; recuérdese que pese a las apariencias de permisividad, el orden actual es receloso u hostil a expresiones de felicidad fuera de su control. Y en ello está además la contenida envidia de quienes piensan: "...si esos sinvergüenzas hacen eso y nada les castiga... ¿no estaré perdiéndome de lo bueno como un mismísimo pendejo?".
. . .
¡Epa ciudadano, cédula y contra el scanner!
. . .
NELSON MÉNDEZ
[Publicado originalmente en EL LIBERTARIO, # 22, Caracas, 2001]
En febrero de 2001, finalmente el Estado venezolano anunció su decisión sobre el nuevo sistema de identificación personal que sustituirá al procedimiento de cedulación vigente desde mediados de la década de 1940. Ahora el tradicional documento se convierte en smart card que, según los promotores de su empleo, no solo nos pone en la vanguardia tecnológica en la materia sino que será un paso esencial en resolver los graves problemas que afectaban al viejo sistema. Esta argumentación ha sido aceptada sin mayor debate por la opinión pública nacional, y si se ha polemizado al respecto es en cuanto a si la empresa transnacional vencedora de la licitación oficial —la coreana Hyundai— ganó el concurso por mediación de padrinos bien retribuidos, o si son adecuadas las especificaciones técnicas del contrato, o si se cumplirá en el tiempo y con la calidad requeridas. Por lo demás, esa misma tónica de justificación en aras de la modernización tecnológica y la seguridad pública se venía difundiendo sin oposición visible desde mediados de la década pasada, cuando el gobierno de Caldera propuso una primera versión de «cédula inteligente», que al fin no se adoptó por la controversia en torno a manejos dolosos e incertidumbres técnicas en la contratación anunciada.
Pero en todo este asunto, se ha pasado por alto algo fundamental: preguntarse si efectivamente es necesario para la sociedad venezolana que el Estado perfeccione el mecanismo de control y vigilancia genérico que implica la cédula de identidad. La gran mayoría de la población asiente en este punto, ya que hace mucho ha estado sometida al discurso único del poder, según el cual vigilancia y control crecientes y en manos oficiales son indispensables tanto para la protección ciudadana como para el cumplimiento de funciones y servicios que de múltiples modos relacionan al Estado con los ciudadanos; pero algunos encontramos que precisamente la experiencia mundial y nacional de los últimos decenios evidencia que la intensificación de semejantes mecanismos no ha tenido efectos en mejorar la seguridad pública o la eficiencia operativa de los gobiernos, y más bien ese creciente poder estatal tiende a arrebatar libertades colectivas, que se ceden sin protesta principalmente por angustia ante una inseguridad desbordada, y sin pensar en que —gracias a ese miedo— el Estado perfecciona herramientas de sometimiento colectivo que dan soporte ideal al autoritarismo, y sobre las cuales no hay supervisión social posible. De hecho, si algún Estado hubiese mejorado sus capacidades reales de atender las necesidades colectivas, eso ha tenido muy poco o nada que ver con la ascendiente disponibilidad de recientes artilugios tecno-represivos.
Para comprobar que no es exagerado el temor ante lo que representa la nueva cédula, basta con fijarse en lo que trae como innovación esencial: la incorporación de un microcircuito electromagnético de contacto o microchip, que permite almacenar y recuperar un gran volumen de la información que el Estado maneja sobre cada ciudadano, sin que el usuario común del documento pueda tener idea o posibilidad de determinar qué cosas contiene esa banda magnética acerca de él. Que ello es así lo prueba el caso de Tailandia. En 1995 los gobernantes militares de ese país impusieron un sistema de identificación equivalente al que ahora viene en Venezuela, a cargo de Control Data Systems que desarrolló un banco de datos centralizado de la población del país —con acceso, entre otras cosas, a la información de impuestos, el registro de votantes, el registro de miembros de partidos políticos, la información de expedientes policiales comunes y políticos, los datos censales, los registros de lugar de habitación, archivos de minorías étnicas y extranjeros, ficheros de pasaportes y movimientos migratorios dentro y fuera del país, control de conductores, registro de armas, etc.— y un documento de identidad personal que por vía telemática puede confrontarse con ese banco de datos, desde cualquier lugar del país y por cualquier funcionario provisto del equipo respectivo. El Ministerio del Interior ha utilizado sin reservas esta tecnología para el control político y la represión a la disidencia, lo que desde entonces ha sido denunciado por la oposición interna y organismos internacionales de derechos humanos. Como secuela absurda de este caso, digamos que a raíz de la adopción de dicho sistema, la Smithsonian Institution y la revista Computerworld le confirieron al gobierno tailandés el premio anual que otorgan por «el uso innovador de la tecnología», que fue bien recibido y publicitado como desmentido a las críticas...
La coartada de un más eficiente funcionamiento institucional gracias a la conversión de la cédula en una «tarjeta inteligente», repite un procedimiento que reiteradamente han usado los amos del poder en Venezuela y en otros lugares: la innovación tecnológica como proveedora de soluciones simplificadoras ante problemas complejos, y además como justificativo de la ascendente intromisión del poder estatal en todas las dimensiones de la vida social. El cuento de la solución técnica milagrosa es viejo, y también la comprobación de que sin importar el updated hardware & software del cual dispongan las dependencias estatales criollas, su capacidad para actuar en algún sentido positivo a favor de la colectividad no ha hecho sino disminuir en los últimos 30 años. Por lo demás, la tecnología que todo Estado contemporáneo ensalza y adopta no es cualquiera, sino esencialmente aquella que fortalece el control centralizado que reducidas élites de poder aspiran imponer. Así, en este caso se aprovecha el colapso del viejo sistema de identificación para imponernos uno que facilita —en un grado inimaginable respecto a lo que teníamos— el potencial uso del documento de identidad en beneficio de un ejercicio autoritario y sin freno del poder.
Se engaña descaradamente a la opinión pública cuando la propaganda oficial describe como «imposible de falsificar» al nuevo documento, afirmación risible frente a lo que es hoy el estado del arte en el creativo mundo de los fraudes electrónicos. Además, bien se sabe que en Venezuela nadie se toma el trabajo de falsificar cédulas, puesto que los vericuetos de la corrupción y la desorganización institucional permiten a los interesados adquirir la más intachable y legal identidad que les convenga. Ni en la fantasía más alucinada se nos ocurriría pensar que una entidad como la tristemente célebre DIEX va a dejar de ser caldo de cultivo para esos negocios, a cuenta de las virtudes inherentes al microchip bolivariano. Se nos pretende convencer que el problema está en lo obsoleta de la cédula tradicional, mientras se deja en un discreto (o más bien encubridor) segundo plano la necesidad de imperativa transformación en los objetivos, funciones y procedimientos de los organismos estatales de identificación, que de cumplirse previamente hubiesen hecho más creíbles las hipotéticas intenciones racionales y positivas de la fulgurante cédula de la V República.
Con la instrumentación de este remedo de solución tecnológica la gran perdedora es la democracia, entendida como ejercicio efectivo de espacios de poder por los ciudadanos y sus organismos de participación directa, pues un modelo de control y vigilancia a las personas como el que implica la nueva cédula más temprano que tarde lleva a la restricción o imposibilidad de constituir esos espacios ciudadanos, para lo cual no faltarán pretextos de seguridad pública y/o eficiencia administrativa. Estafadores y pillos de toda índole sin falta encontrarán cómo eludir ese mecanismo, cuya plena operatividad va dirigida a restringir la disidencia político-social. Se dirá que hay preceptos legales (como el recurso al «habeas data» reconocido en el artículo 28 de nuestra donosa Constitución) que evitan una acción oficial torcida o autoritaria en este aspecto, pero la experiencia nacional e internacional indican que solo la acción organizada y consciente de las colectividades puede oponerse con eficacia a un medio que tan bien se presta a los fines de un Big Brother informatizado.
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NELSON MÉNDEZ
[Publicado originalmente en EL LIBERTARIO, # 22, Caracas, 2001]
En febrero de 2001, finalmente el Estado venezolano anunció su decisión sobre el nuevo sistema de identificación personal que sustituirá al procedimiento de cedulación vigente desde mediados de la década de 1940. Ahora el tradicional documento se convierte en smart card que, según los promotores de su empleo, no solo nos pone en la vanguardia tecnológica en la materia sino que será un paso esencial en resolver los graves problemas que afectaban al viejo sistema. Esta argumentación ha sido aceptada sin mayor debate por la opinión pública nacional, y si se ha polemizado al respecto es en cuanto a si la empresa transnacional vencedora de la licitación oficial —la coreana Hyundai— ganó el concurso por mediación de padrinos bien retribuidos, o si son adecuadas las especificaciones técnicas del contrato, o si se cumplirá en el tiempo y con la calidad requeridas. Por lo demás, esa misma tónica de justificación en aras de la modernización tecnológica y la seguridad pública se venía difundiendo sin oposición visible desde mediados de la década pasada, cuando el gobierno de Caldera propuso una primera versión de «cédula inteligente», que al fin no se adoptó por la controversia en torno a manejos dolosos e incertidumbres técnicas en la contratación anunciada.
Pero en todo este asunto, se ha pasado por alto algo fundamental: preguntarse si efectivamente es necesario para la sociedad venezolana que el Estado perfeccione el mecanismo de control y vigilancia genérico que implica la cédula de identidad. La gran mayoría de la población asiente en este punto, ya que hace mucho ha estado sometida al discurso único del poder, según el cual vigilancia y control crecientes y en manos oficiales son indispensables tanto para la protección ciudadana como para el cumplimiento de funciones y servicios que de múltiples modos relacionan al Estado con los ciudadanos; pero algunos encontramos que precisamente la experiencia mundial y nacional de los últimos decenios evidencia que la intensificación de semejantes mecanismos no ha tenido efectos en mejorar la seguridad pública o la eficiencia operativa de los gobiernos, y más bien ese creciente poder estatal tiende a arrebatar libertades colectivas, que se ceden sin protesta principalmente por angustia ante una inseguridad desbordada, y sin pensar en que —gracias a ese miedo— el Estado perfecciona herramientas de sometimiento colectivo que dan soporte ideal al autoritarismo, y sobre las cuales no hay supervisión social posible. De hecho, si algún Estado hubiese mejorado sus capacidades reales de atender las necesidades colectivas, eso ha tenido muy poco o nada que ver con la ascendiente disponibilidad de recientes artilugios tecno-represivos.
Para comprobar que no es exagerado el temor ante lo que representa la nueva cédula, basta con fijarse en lo que trae como innovación esencial: la incorporación de un microcircuito electromagnético de contacto o microchip, que permite almacenar y recuperar un gran volumen de la información que el Estado maneja sobre cada ciudadano, sin que el usuario común del documento pueda tener idea o posibilidad de determinar qué cosas contiene esa banda magnética acerca de él. Que ello es así lo prueba el caso de Tailandia. En 1995 los gobernantes militares de ese país impusieron un sistema de identificación equivalente al que ahora viene en Venezuela, a cargo de Control Data Systems que desarrolló un banco de datos centralizado de la población del país —con acceso, entre otras cosas, a la información de impuestos, el registro de votantes, el registro de miembros de partidos políticos, la información de expedientes policiales comunes y políticos, los datos censales, los registros de lugar de habitación, archivos de minorías étnicas y extranjeros, ficheros de pasaportes y movimientos migratorios dentro y fuera del país, control de conductores, registro de armas, etc.— y un documento de identidad personal que por vía telemática puede confrontarse con ese banco de datos, desde cualquier lugar del país y por cualquier funcionario provisto del equipo respectivo. El Ministerio del Interior ha utilizado sin reservas esta tecnología para el control político y la represión a la disidencia, lo que desde entonces ha sido denunciado por la oposición interna y organismos internacionales de derechos humanos. Como secuela absurda de este caso, digamos que a raíz de la adopción de dicho sistema, la Smithsonian Institution y la revista Computerworld le confirieron al gobierno tailandés el premio anual que otorgan por «el uso innovador de la tecnología», que fue bien recibido y publicitado como desmentido a las críticas...
La coartada de un más eficiente funcionamiento institucional gracias a la conversión de la cédula en una «tarjeta inteligente», repite un procedimiento que reiteradamente han usado los amos del poder en Venezuela y en otros lugares: la innovación tecnológica como proveedora de soluciones simplificadoras ante problemas complejos, y además como justificativo de la ascendente intromisión del poder estatal en todas las dimensiones de la vida social. El cuento de la solución técnica milagrosa es viejo, y también la comprobación de que sin importar el updated hardware & software del cual dispongan las dependencias estatales criollas, su capacidad para actuar en algún sentido positivo a favor de la colectividad no ha hecho sino disminuir en los últimos 30 años. Por lo demás, la tecnología que todo Estado contemporáneo ensalza y adopta no es cualquiera, sino esencialmente aquella que fortalece el control centralizado que reducidas élites de poder aspiran imponer. Así, en este caso se aprovecha el colapso del viejo sistema de identificación para imponernos uno que facilita —en un grado inimaginable respecto a lo que teníamos— el potencial uso del documento de identidad en beneficio de un ejercicio autoritario y sin freno del poder.
Se engaña descaradamente a la opinión pública cuando la propaganda oficial describe como «imposible de falsificar» al nuevo documento, afirmación risible frente a lo que es hoy el estado del arte en el creativo mundo de los fraudes electrónicos. Además, bien se sabe que en Venezuela nadie se toma el trabajo de falsificar cédulas, puesto que los vericuetos de la corrupción y la desorganización institucional permiten a los interesados adquirir la más intachable y legal identidad que les convenga. Ni en la fantasía más alucinada se nos ocurriría pensar que una entidad como la tristemente célebre DIEX va a dejar de ser caldo de cultivo para esos negocios, a cuenta de las virtudes inherentes al microchip bolivariano. Se nos pretende convencer que el problema está en lo obsoleta de la cédula tradicional, mientras se deja en un discreto (o más bien encubridor) segundo plano la necesidad de imperativa transformación en los objetivos, funciones y procedimientos de los organismos estatales de identificación, que de cumplirse previamente hubiesen hecho más creíbles las hipotéticas intenciones racionales y positivas de la fulgurante cédula de la V República.
Con la instrumentación de este remedo de solución tecnológica la gran perdedora es la democracia, entendida como ejercicio efectivo de espacios de poder por los ciudadanos y sus organismos de participación directa, pues un modelo de control y vigilancia a las personas como el que implica la nueva cédula más temprano que tarde lleva a la restricción o imposibilidad de constituir esos espacios ciudadanos, para lo cual no faltarán pretextos de seguridad pública y/o eficiencia administrativa. Estafadores y pillos de toda índole sin falta encontrarán cómo eludir ese mecanismo, cuya plena operatividad va dirigida a restringir la disidencia político-social. Se dirá que hay preceptos legales (como el recurso al «habeas data» reconocido en el artículo 28 de nuestra donosa Constitución) que evitan una acción oficial torcida o autoritaria en este aspecto, pero la experiencia nacional e internacional indican que solo la acción organizada y consciente de las colectividades puede oponerse con eficacia a un medio que tan bien se presta a los fines de un Big Brother informatizado.
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Desarrollo Sostenible: ¿esperanza o coartada?
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NELSON MÉNDEZ
[Publicado en EL LIBERTARIO, # 36, Caracas, 2004]
Rodeada por 8000 policías, en un escenario donde la miseria se disimuló con esmero, la III Cumbre de la Tierra, o Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, se realizó en Johannesburgo, Sudáfrica, en septiembre de 2002. De nuevo los dirigentes del planeta se sintieron autorizados para jugar con nuestra dignidad y con la vida de nuestros descendientes. Ni calendario ni objetivos marcados, sólo piadosas intenciones. Esta Cumbre, bloqueada por el principal emisor de gases carbónicos del mundo, Estados Unidos, fue un paso atrás respecto a la de Río de Janeiro, más centrada en las cuestiones de energía y biodiversidad. ¿Hemos de asombrarnos por ello? Un militante de Greenpeace hizo un balance escueto: "Es peor que todo lo que hubiéramos podido imaginar".
Abundancia: de sueño a pesadilla
En la década de 1960, la tecnocracia prometía, con apoyo de datos estadísticos y modelos matemáticos, progreso tecnológico y expansión económica ilimitados. La sociedad de la abundancia se iba a convertir en condición primordial para la emancipación humana. Aparecía una nueva religión, la del crecimiento. El rechazo de las limitaciones naturales, la perspectiva exaltada de transformar al ambiente, el principio de eficacia, la voluntad de poder, la fascinación por la innovación técnica: todo se conjugaba para centrar la civilización en la producción de bienes materiales. Y el único indicador del bienestar considerado por los que decidían era el famoso PIB (Producto Interno Bruto).
Sin embargo, en los años setenta, tales promesas empiezan a levantar sospechas. Aparecen voces contra esas perspectivas de futuro, contra la huida hacia delante, contra lo ilusorio y absurdo de la exaltación consumista, contra el riesgo de sacrificar el porvenir al presente. Se habla de "cambio de rumbo", de "crecimiento cero". Confusamente, nace una angustia ante los fracasos del progreso, percibido como una trampa que se atrapa a sí misma. La primera Cumbre (Conferencia Mundial de Estocolmo sobre el Medio Ambiente en 1972) busca responder a esas inquietudes. Va a surgir un concepto: el "desarrollo sostenible", definido como "desarrollo que responda a las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de responder a ellas por parte de las generaciones futuras". De forma más precisa, el proceso mediante el cual un país se hace capaz de aumentar su riqueza de manera duradera (sostenida) y autónoma, y de repartirla "equitativamente" entre los individuos. Este concepto de desarrollo se distingue del mero crecimiento económico, pues iría acompañado de transformaciones políticas, sociales e institucionales.
La ciénaga del reformismo
En mayo de 2002 se publicó un informe preparado por 1100 científicos (_El porvenir del medio ambiente mundial_). Sus conclusiones fueron sombrías: en 30 años, el 70% de los actuales entornos ecológicos vírgenes se habrán destruido, un gran número de especies desaparecerá y, en secuela a la devastación ambiental, la organización social se desplomará en numerosos países. Muchos de los riesgos medioambientales tienen dimensiones mundiales: agotamiento o enrarecimiento de las energías fósiles, modificaciones climáticas por el efecto invernadero, grave escasez de agua de aquí a 20 años en varias regiones del globo, degradación de los suelos, contaminación de diferentes áreas. En lo socioeconómico, el balance es también desastroso: persistencia de la sub-alimentación y mala nutrición (ochocientos millones de personas sufren hambre), agravamiento de desigualdades sociales (el 20% de los más ricos se reparte el 82% de los ingresos mundiales), flexibilidad laboral, desmantelamiento de los servicios públicos (alojamiento, salud, agua, educación, transportes), precariedad, exclusión (dos millardos de habitantes del planeta "viven" con menos de un dólar diario).
A pesar de su impasible cinismo, los apóstoles del crecimiento no pueden negar totalmente realidades tan siniestras. Tomando conciencia de la extrema gravedad de los problemas, reconocen sin pestañear que la idea de un islote de riquezas en un mar de pobreza es intolerable (¡favor no reirse!), afirman astutamente que los poderes de la ciencia, de la técnica, de la industria, deben ser controlados por la ética, desconfían a la vez del catastrofismo que desespera y del optimismo que adormece, apelando con emoción al "civismo planetario" y concluyen muy naturalmente con el crecimiento como remedio para todos los males... especialmente a los del propio crecimiento.
Algunos ven en la "simplicidad voluntaria", es decir, en el rechazo al consumo ciego, en adoptar estilos de vida más sobrios, la solución a todos los problemas. Pero no se trata de una propuesta válida para el conjunto de la sociedad, sino en el plano personal. O sea, mientras que gentes valerosas aceptan, para salvar al planeta, llevar vida de eco-ermitaños, la élite puede seguir comiendo caviar, montando en vehículos de gran cilindrada y, ocasionalmente, permitirse alguna que otra excursión espacial. Sin embargo, otros son más lúcidos. "Toda esta Cumbre (de Johannesburgo) no hace sino legitimar las actuaciones del librecambio, es un fracaso total", se oye decir. El gran capital y la OMC (Organización Mundial del Comercio) entorpecen la Cumbre, y algunos ecologistas se quejan. "Las empresas están animadas fundamentalmente por su voluntad de beneficio. Las condiciones medioambientales y sociales han de someterse a las condiciones del comercio", dice Ricardo Navarro, presidente de Amigos de la Tierra Internacional (¡qué perspicacia, que precisión de análisis! Lástima que no llega a ninguna conclusión).
Capitalismo y Estatismo a juicio
Es conocida la capacidad del capital transnacional para hacer valer sus intereses en el plano político, en plena concordancia con los esfuerzos de los Estados (grandes o pequeños) por acrecentar su poder sobre la sociedad a través de toda clase de regulaciones políticas medioambientales y energéticas, que antes que detener han favorecido la voracidad del capitalismo globalizador. Salvo diferencias secundarias, ambos poderes siguen estrategias convergentes que al ejecutarse están liquidando al patrimonio natural e hipotecando la vida de futuras generaciones. Estos criminales no retrocederán ante nada y se encarnizarán en el sabotaje sistemático de todo proyecto que limite el crecimiento y, por tanto, el beneficio. Basta con escuchar al portavoz de la Casa Blanca: "El consumo fuerte de energía forma parte de nuestro modo de vida, y el modo de vida americano es sagrado".
Debe comprenderse que la noción de desarrollo sostenible es incompatible con la naturaleza misma de este sistema. Al capitalismo le es inherente el derroche, así que lo fomenta: disminución de duración de bienes de consumo, imposibilidad de repararlos, multiplicación de objetos desechables, publicidad que favorece la renovación incesante de artículos, de nuevos modelos, de presentaciones o embalajes, etc. Para satisfacer el apetito del beneficio, artificialmente se estimula la demanda. En esa competición cada vez más feroz, el reto nunca ha sido satisfacer necesidades fundamentales, la mejora del nivel de vida o la utilidad social, sino más bien el aumento de las cifras. Ni que decir que para esto el Estado ha sido encubridor y copartícipe esencial.
El capitalismo sólo puede dar lugar al derroche de recursos naturales. Porque no hay ninguna proporción razonable entre el tiempo de los grandes ciclos físico-químicos, de los mecanismos que aseguran la estabilidad del ecosistema, y la búsqueda inmediata del beneficio. Porque la ciencia económica, la que justifica el capitalismo, no se preocupa ni de lo que antecede ni de lo que sigue al ciclo producción-consumo. Porque los precios bajos de las materias primas promovidos por las transnacionales incitan al consumo creciente, a una dilapidación de los recursos. Porque si los mercados pueden producir riqueza, no la reparten con equidad. Porque la búsqueda del beneficio engendra y necesita una acumulación de capital cada vez mayor. El capitalismo debe crecer o morir; por ello, la lógica de crecimiento infinito que le caracteriza, que permite un modo de vida basado en el consumo de un capital no reproducible y físicamente insostenible.
El escenario más dramático sería la pasividad, o al menos la ausencia de reacciones significativas. La facultad de adaptación y de absorción del sistema capitalista es considerable (la descontaminación se ha convertido en un mercado jugoso), mientras que el cinismo de sus defensores no tiene límites, en particular de los Estados que han convertido este tema en coartada para incrementar sus poderes reguladores. Miseria, desigualdad, opresión y destrucción del medio natural son los motores del capitalismo, por eso todo combate consecuente a favor de un desarrollo sostenible ha de ser por necesidad anticapitalista y anarquista. Cuando, vía privatización o estatización de los recursos naturales, la supervivencia de la especie humana está en juego, la revuelta no es un derecho, es un deber. Si la juventud actual no lo comprende, lo lamentará amargamente. Y quienes no contribuyan activamente a la toma de conciencia de esta juventud a la que dejaremos tal desastre, tienen su parte de responsabilidad.
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NELSON MÉNDEZ
[Publicado en EL LIBERTARIO, # 36, Caracas, 2004]
Rodeada por 8000 policías, en un escenario donde la miseria se disimuló con esmero, la III Cumbre de la Tierra, o Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, se realizó en Johannesburgo, Sudáfrica, en septiembre de 2002. De nuevo los dirigentes del planeta se sintieron autorizados para jugar con nuestra dignidad y con la vida de nuestros descendientes. Ni calendario ni objetivos marcados, sólo piadosas intenciones. Esta Cumbre, bloqueada por el principal emisor de gases carbónicos del mundo, Estados Unidos, fue un paso atrás respecto a la de Río de Janeiro, más centrada en las cuestiones de energía y biodiversidad. ¿Hemos de asombrarnos por ello? Un militante de Greenpeace hizo un balance escueto: "Es peor que todo lo que hubiéramos podido imaginar".
Abundancia: de sueño a pesadilla
En la década de 1960, la tecnocracia prometía, con apoyo de datos estadísticos y modelos matemáticos, progreso tecnológico y expansión económica ilimitados. La sociedad de la abundancia se iba a convertir en condición primordial para la emancipación humana. Aparecía una nueva religión, la del crecimiento. El rechazo de las limitaciones naturales, la perspectiva exaltada de transformar al ambiente, el principio de eficacia, la voluntad de poder, la fascinación por la innovación técnica: todo se conjugaba para centrar la civilización en la producción de bienes materiales. Y el único indicador del bienestar considerado por los que decidían era el famoso PIB (Producto Interno Bruto).
Sin embargo, en los años setenta, tales promesas empiezan a levantar sospechas. Aparecen voces contra esas perspectivas de futuro, contra la huida hacia delante, contra lo ilusorio y absurdo de la exaltación consumista, contra el riesgo de sacrificar el porvenir al presente. Se habla de "cambio de rumbo", de "crecimiento cero". Confusamente, nace una angustia ante los fracasos del progreso, percibido como una trampa que se atrapa a sí misma. La primera Cumbre (Conferencia Mundial de Estocolmo sobre el Medio Ambiente en 1972) busca responder a esas inquietudes. Va a surgir un concepto: el "desarrollo sostenible", definido como "desarrollo que responda a las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de responder a ellas por parte de las generaciones futuras". De forma más precisa, el proceso mediante el cual un país se hace capaz de aumentar su riqueza de manera duradera (sostenida) y autónoma, y de repartirla "equitativamente" entre los individuos. Este concepto de desarrollo se distingue del mero crecimiento económico, pues iría acompañado de transformaciones políticas, sociales e institucionales.
La ciénaga del reformismo
En mayo de 2002 se publicó un informe preparado por 1100 científicos (_El porvenir del medio ambiente mundial_). Sus conclusiones fueron sombrías: en 30 años, el 70% de los actuales entornos ecológicos vírgenes se habrán destruido, un gran número de especies desaparecerá y, en secuela a la devastación ambiental, la organización social se desplomará en numerosos países. Muchos de los riesgos medioambientales tienen dimensiones mundiales: agotamiento o enrarecimiento de las energías fósiles, modificaciones climáticas por el efecto invernadero, grave escasez de agua de aquí a 20 años en varias regiones del globo, degradación de los suelos, contaminación de diferentes áreas. En lo socioeconómico, el balance es también desastroso: persistencia de la sub-alimentación y mala nutrición (ochocientos millones de personas sufren hambre), agravamiento de desigualdades sociales (el 20% de los más ricos se reparte el 82% de los ingresos mundiales), flexibilidad laboral, desmantelamiento de los servicios públicos (alojamiento, salud, agua, educación, transportes), precariedad, exclusión (dos millardos de habitantes del planeta "viven" con menos de un dólar diario).
A pesar de su impasible cinismo, los apóstoles del crecimiento no pueden negar totalmente realidades tan siniestras. Tomando conciencia de la extrema gravedad de los problemas, reconocen sin pestañear que la idea de un islote de riquezas en un mar de pobreza es intolerable (¡favor no reirse!), afirman astutamente que los poderes de la ciencia, de la técnica, de la industria, deben ser controlados por la ética, desconfían a la vez del catastrofismo que desespera y del optimismo que adormece, apelando con emoción al "civismo planetario" y concluyen muy naturalmente con el crecimiento como remedio para todos los males... especialmente a los del propio crecimiento.
Algunos ven en la "simplicidad voluntaria", es decir, en el rechazo al consumo ciego, en adoptar estilos de vida más sobrios, la solución a todos los problemas. Pero no se trata de una propuesta válida para el conjunto de la sociedad, sino en el plano personal. O sea, mientras que gentes valerosas aceptan, para salvar al planeta, llevar vida de eco-ermitaños, la élite puede seguir comiendo caviar, montando en vehículos de gran cilindrada y, ocasionalmente, permitirse alguna que otra excursión espacial. Sin embargo, otros son más lúcidos. "Toda esta Cumbre (de Johannesburgo) no hace sino legitimar las actuaciones del librecambio, es un fracaso total", se oye decir. El gran capital y la OMC (Organización Mundial del Comercio) entorpecen la Cumbre, y algunos ecologistas se quejan. "Las empresas están animadas fundamentalmente por su voluntad de beneficio. Las condiciones medioambientales y sociales han de someterse a las condiciones del comercio", dice Ricardo Navarro, presidente de Amigos de la Tierra Internacional (¡qué perspicacia, que precisión de análisis! Lástima que no llega a ninguna conclusión).
Capitalismo y Estatismo a juicio
Es conocida la capacidad del capital transnacional para hacer valer sus intereses en el plano político, en plena concordancia con los esfuerzos de los Estados (grandes o pequeños) por acrecentar su poder sobre la sociedad a través de toda clase de regulaciones políticas medioambientales y energéticas, que antes que detener han favorecido la voracidad del capitalismo globalizador. Salvo diferencias secundarias, ambos poderes siguen estrategias convergentes que al ejecutarse están liquidando al patrimonio natural e hipotecando la vida de futuras generaciones. Estos criminales no retrocederán ante nada y se encarnizarán en el sabotaje sistemático de todo proyecto que limite el crecimiento y, por tanto, el beneficio. Basta con escuchar al portavoz de la Casa Blanca: "El consumo fuerte de energía forma parte de nuestro modo de vida, y el modo de vida americano es sagrado".
Debe comprenderse que la noción de desarrollo sostenible es incompatible con la naturaleza misma de este sistema. Al capitalismo le es inherente el derroche, así que lo fomenta: disminución de duración de bienes de consumo, imposibilidad de repararlos, multiplicación de objetos desechables, publicidad que favorece la renovación incesante de artículos, de nuevos modelos, de presentaciones o embalajes, etc. Para satisfacer el apetito del beneficio, artificialmente se estimula la demanda. En esa competición cada vez más feroz, el reto nunca ha sido satisfacer necesidades fundamentales, la mejora del nivel de vida o la utilidad social, sino más bien el aumento de las cifras. Ni que decir que para esto el Estado ha sido encubridor y copartícipe esencial.
El capitalismo sólo puede dar lugar al derroche de recursos naturales. Porque no hay ninguna proporción razonable entre el tiempo de los grandes ciclos físico-químicos, de los mecanismos que aseguran la estabilidad del ecosistema, y la búsqueda inmediata del beneficio. Porque la ciencia económica, la que justifica el capitalismo, no se preocupa ni de lo que antecede ni de lo que sigue al ciclo producción-consumo. Porque los precios bajos de las materias primas promovidos por las transnacionales incitan al consumo creciente, a una dilapidación de los recursos. Porque si los mercados pueden producir riqueza, no la reparten con equidad. Porque la búsqueda del beneficio engendra y necesita una acumulación de capital cada vez mayor. El capitalismo debe crecer o morir; por ello, la lógica de crecimiento infinito que le caracteriza, que permite un modo de vida basado en el consumo de un capital no reproducible y físicamente insostenible.
El escenario más dramático sería la pasividad, o al menos la ausencia de reacciones significativas. La facultad de adaptación y de absorción del sistema capitalista es considerable (la descontaminación se ha convertido en un mercado jugoso), mientras que el cinismo de sus defensores no tiene límites, en particular de los Estados que han convertido este tema en coartada para incrementar sus poderes reguladores. Miseria, desigualdad, opresión y destrucción del medio natural son los motores del capitalismo, por eso todo combate consecuente a favor de un desarrollo sostenible ha de ser por necesidad anticapitalista y anarquista. Cuando, vía privatización o estatización de los recursos naturales, la supervivencia de la especie humana está en juego, la revuelta no es un derecho, es un deber. Si la juventud actual no lo comprende, lo lamentará amargamente. Y quienes no contribuyan activamente a la toma de conciencia de esta juventud a la que dejaremos tal desastre, tienen su parte de responsabilidad.
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Canción mansa para un hacker bravo
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NELSON MÉNDEZ
[Difundido el 16 de mayo de 2000 en http://www.analitica.com/BITBLIO/nelson_mendez/]
El pasado 4 de mayo cundió la alarma en todos los confines de Internet: un nuevo virus informático se extendía a toda velocidad por el correo electrónico, oculto en un mensaje con el romántico “subject” de “I love you.” Antes que el día concluyese se hizo claro que se trataba de la peor epidemia que hubiese sufrido la red de redes, al medirla en términos de las pérdidas económicas por la paralización de sistemas y la destrucción de información en miles de discos duros de todo el mundo.
Tan pronto se conoció del problema, se inició el rastreo de quién o quiénes pudiesen ser responsables de lo que pareció en un primer momento la obra de alguna poderosa cofradía de conspiradores siniestros con planes de destrucción en gran escala. Seguir la pista resultó sorprendentemente fácil, llegándose con rapidez a un lugar insospechado para ser origen de un complot high tech como el que los oficiosos cazadores de hackers suponían: Manila, la capital de Filipinas, un país del sureste asiático donde brilla por su ausencia el charm tecnológico de sus vecinos tigres y dragones. De hecho, por más que busqué referencias sobre las capacidades científico-técnicas desarrolladas en esa nación, lo más parecido a un invento filipino que sepamos aquí en Venezuela tiene que ver con aquella pintoresca pelea en Maracaibo por el campeonato mundial del peso mosca, donde descalificaron al púgil de ese país al decomisarse a sus seconds un frasquito conteniendo una sustancia cuya composición al parecer nunca pudo ser descifrada por los químicos criollos.
Fue tan inconcebible encontrarse con que alguien de esa procedencia fuera el causante de este desbarajuste ciberespacial, que inmediatamente se puso a rodar un rumor mas convincente, atribuyendo el asunto a un supuesto hacker germano que está haciendo un postdoctorado en Australia, como para que los desconsolados usuarios de ese 70% de las micro-computadoras de Alemania liquidadas por el virus del amor tuviesen el consuelo de la procedencia aria de su victimario, pues es de imaginarse lo vergonzoso que resultaba para un industrial del Ruhr, un yuppie de la City londinense o un coronel del Pentágono saber que semejante contratiempo como el que sufrieron estos días fue obra de un ocioso de Quezón (ciudad dormitorio de Manila) con estudios no concluidos para técnico medio en computación.
Pero la versión del experto teutón no se pudo seguir sosteniendo debido a la misma insistencia de los gringos en hallar culpables y propiciar su castigo, de manera que incluso movilizaron a expertos cibernautas del FBI hasta Filipinas, obligando a las autoridades a detener al supuesto responsable, aun cuando la legislación local ni siquiera contempla como delitos las acciones que se le atribuían, pese a lo cual funcionarios de Estados Unidos hablaron de pedir la extradición del personaje, de quien por lo demás en esta crónica no puedo dar nombre y edad exactos, porque las agencias transnacionales de noticias lo han identificado con 4 apelativos y 2 edades diferentes (e incluso, las confusas informaciones hablan de la responsabilidad compartida en el hecho de una o dos mujeres, que serían parientes del acusado).
De todo este relato derivan varias reflexiones que me parecen pertinentes. Comenzaré por lo ya indicado sobre la curiosa negativa inicial a aceptar que pueda ser tan eficiente un hacker tercermundista como sus similares nórdicos, que iba de la mano con asomar la presencia de algún genio tan inteligente como maligno tras este complot. Al develarse la identidad “not white, anglo-saxon or protestant” del ciber-malandrín, las informaciones cambiaron de tono drásticamente y empezaron a decir que ocasionar un colapso de esa magnitud en Internet es algo absurdamente sencillo, casi al alcance de cualquier idiota con celular progamable o, por decirlo con el insidioso racismo de un entrevistado por Time: «... un niño de doce años en Tailandia lo puede volver a hacer» (¡si fuese un ex-ministro venezolano, hablaría de un violinista pemón!). Hasta leí una noticia donde se decía que el filipino Onel o Rommel creó el virus involuntariamente, un poco como el burro flautista de la fábula, o El burgués gentilhombre de Molière, que hablaba en prosa sin saberlo.
Curiosamente, a la par de esa descalificación de las habilidades requeridas para provocar semejante patatús informático desde la NASA al Vaticano, no cesó la intención de sancionar —o al menos amenazar— al presunto culpable con los castigos más severos posibles, lo cual resulta contradictorio con la proclamada sencillez de una plaga que podría ser causada incluso por error de un usuario novato del Visual Basic. Hasta pareciera que con el filipino del cuento quieren aplicar una versión on-line de las legislaciones globalizadoras que permiten a los Estados Unidos extraditar y juzgar a nacionales de otros países por hechos ocurridos fuera del territorio de USA, sin que la norma se aplique a la inversa y basándose en la doctrina del Derecho Procesal Internacional conocida como la ley del embudo.
Hay otra dimensión del tema sobre la cual me gustaría especular un poco, pues no encontré mayores reseñas sobre el particular: la reacción de la sociedad y el gobierno de Filipinas ante la situación de ser coterráneos de tal celebridad tecnológica. En Internet y en la prensa se recogió en abundancia lo proveniente desde Europa o Norteamérica, pero salvo los comentarios predecibles de algún burócrata o policía, no había nada de lo que pensaron, por ejemplo, las instituciones académicas, la comunidad del área informática o la ciudadanía común de ese país. Imaginar sus reacciones me parece interesante, ya que es tentador suponer posibilidades diversas (o «escenarios alternativos», como dicen los vendedores de panelas de San Joaquín), respecto a las cuales en este otro extremo del planeta podríamos sacar algunas consecuencias instructivas.
Es factible que en Filipinas (tal y como en Venezuela) las respuestas se vayan hacia dos polos: los apenados y los simpatizantes. Los primeros serían los diligentes sicarios locales de la caza del hacker y/o quienes se constituyan en censores de las actividades de sabotaje virtual, aceptando como santa palabra lo difundido por CNN o la AP. A los segundos les complacerá que por fin un compatriota gane celebridad mediática mundial por algo diferente al boxeo o a la picaresca de la corrupción y la ineptitud estatal; tal vez en este bando haya quienes se atrevan a ir más allá, reivindicando el ejemplo como una muestra (quizás torcida, pero valedera) de lo que puede lograr uno del patio con su ingenio en un ámbito como la informática de punta, donde tanto se nos ha querido convencer que no tenemos nada que buscar.
Aventurándome más en este ejercicio especulativo, llego a fantasear que esta decidida facción de simpatizantes gane respaldo mayoritario, con lo que a vuelta de unos años tendríamos al desagraviado hacker como docente e investigador estrella del área de Nuevas Tecnologías de la Universidad de Manila, convertida en La Meca donde debe peregrinar todo interesado en la experticia como detector y destructor de virus electrónicos. Aquí el sueño se interrumpe y debo volver a la prosaica realidad (filipina o venezolana, que igual vale), donde la mediocridad del poder y la cultura dominante jamás comprenderá el enorme potencial positivo y creador que con inteligencia podría descubrirse tras una acción subversiva de esta naturaleza. De manera que mucho me temo que lo último que se sabrá públicamente de Oniel o Reomel será cuando algún fin de semana aparezca en la versión en tágalo de Sábado Gigante junto al Don Francisco de Mindanao, donde protagonizará un reencuentro enternecedor con la maestra que le enseñó Word Star en 1991.
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NELSON MÉNDEZ
[Difundido el 16 de mayo de 2000 en http://www.analitica.com/BITBLIO/nelson_mendez/]
El pasado 4 de mayo cundió la alarma en todos los confines de Internet: un nuevo virus informático se extendía a toda velocidad por el correo electrónico, oculto en un mensaje con el romántico “subject” de “I love you.” Antes que el día concluyese se hizo claro que se trataba de la peor epidemia que hubiese sufrido la red de redes, al medirla en términos de las pérdidas económicas por la paralización de sistemas y la destrucción de información en miles de discos duros de todo el mundo.
Tan pronto se conoció del problema, se inició el rastreo de quién o quiénes pudiesen ser responsables de lo que pareció en un primer momento la obra de alguna poderosa cofradía de conspiradores siniestros con planes de destrucción en gran escala. Seguir la pista resultó sorprendentemente fácil, llegándose con rapidez a un lugar insospechado para ser origen de un complot high tech como el que los oficiosos cazadores de hackers suponían: Manila, la capital de Filipinas, un país del sureste asiático donde brilla por su ausencia el charm tecnológico de sus vecinos tigres y dragones. De hecho, por más que busqué referencias sobre las capacidades científico-técnicas desarrolladas en esa nación, lo más parecido a un invento filipino que sepamos aquí en Venezuela tiene que ver con aquella pintoresca pelea en Maracaibo por el campeonato mundial del peso mosca, donde descalificaron al púgil de ese país al decomisarse a sus seconds un frasquito conteniendo una sustancia cuya composición al parecer nunca pudo ser descifrada por los químicos criollos.
Fue tan inconcebible encontrarse con que alguien de esa procedencia fuera el causante de este desbarajuste ciberespacial, que inmediatamente se puso a rodar un rumor mas convincente, atribuyendo el asunto a un supuesto hacker germano que está haciendo un postdoctorado en Australia, como para que los desconsolados usuarios de ese 70% de las micro-computadoras de Alemania liquidadas por el virus del amor tuviesen el consuelo de la procedencia aria de su victimario, pues es de imaginarse lo vergonzoso que resultaba para un industrial del Ruhr, un yuppie de la City londinense o un coronel del Pentágono saber que semejante contratiempo como el que sufrieron estos días fue obra de un ocioso de Quezón (ciudad dormitorio de Manila) con estudios no concluidos para técnico medio en computación.
Pero la versión del experto teutón no se pudo seguir sosteniendo debido a la misma insistencia de los gringos en hallar culpables y propiciar su castigo, de manera que incluso movilizaron a expertos cibernautas del FBI hasta Filipinas, obligando a las autoridades a detener al supuesto responsable, aun cuando la legislación local ni siquiera contempla como delitos las acciones que se le atribuían, pese a lo cual funcionarios de Estados Unidos hablaron de pedir la extradición del personaje, de quien por lo demás en esta crónica no puedo dar nombre y edad exactos, porque las agencias transnacionales de noticias lo han identificado con 4 apelativos y 2 edades diferentes (e incluso, las confusas informaciones hablan de la responsabilidad compartida en el hecho de una o dos mujeres, que serían parientes del acusado).
De todo este relato derivan varias reflexiones que me parecen pertinentes. Comenzaré por lo ya indicado sobre la curiosa negativa inicial a aceptar que pueda ser tan eficiente un hacker tercermundista como sus similares nórdicos, que iba de la mano con asomar la presencia de algún genio tan inteligente como maligno tras este complot. Al develarse la identidad “not white, anglo-saxon or protestant” del ciber-malandrín, las informaciones cambiaron de tono drásticamente y empezaron a decir que ocasionar un colapso de esa magnitud en Internet es algo absurdamente sencillo, casi al alcance de cualquier idiota con celular progamable o, por decirlo con el insidioso racismo de un entrevistado por Time: «... un niño de doce años en Tailandia lo puede volver a hacer» (¡si fuese un ex-ministro venezolano, hablaría de un violinista pemón!). Hasta leí una noticia donde se decía que el filipino Onel o Rommel creó el virus involuntariamente, un poco como el burro flautista de la fábula, o El burgués gentilhombre de Molière, que hablaba en prosa sin saberlo.
Curiosamente, a la par de esa descalificación de las habilidades requeridas para provocar semejante patatús informático desde la NASA al Vaticano, no cesó la intención de sancionar —o al menos amenazar— al presunto culpable con los castigos más severos posibles, lo cual resulta contradictorio con la proclamada sencillez de una plaga que podría ser causada incluso por error de un usuario novato del Visual Basic. Hasta pareciera que con el filipino del cuento quieren aplicar una versión on-line de las legislaciones globalizadoras que permiten a los Estados Unidos extraditar y juzgar a nacionales de otros países por hechos ocurridos fuera del territorio de USA, sin que la norma se aplique a la inversa y basándose en la doctrina del Derecho Procesal Internacional conocida como la ley del embudo.
Hay otra dimensión del tema sobre la cual me gustaría especular un poco, pues no encontré mayores reseñas sobre el particular: la reacción de la sociedad y el gobierno de Filipinas ante la situación de ser coterráneos de tal celebridad tecnológica. En Internet y en la prensa se recogió en abundancia lo proveniente desde Europa o Norteamérica, pero salvo los comentarios predecibles de algún burócrata o policía, no había nada de lo que pensaron, por ejemplo, las instituciones académicas, la comunidad del área informática o la ciudadanía común de ese país. Imaginar sus reacciones me parece interesante, ya que es tentador suponer posibilidades diversas (o «escenarios alternativos», como dicen los vendedores de panelas de San Joaquín), respecto a las cuales en este otro extremo del planeta podríamos sacar algunas consecuencias instructivas.
Es factible que en Filipinas (tal y como en Venezuela) las respuestas se vayan hacia dos polos: los apenados y los simpatizantes. Los primeros serían los diligentes sicarios locales de la caza del hacker y/o quienes se constituyan en censores de las actividades de sabotaje virtual, aceptando como santa palabra lo difundido por CNN o la AP. A los segundos les complacerá que por fin un compatriota gane celebridad mediática mundial por algo diferente al boxeo o a la picaresca de la corrupción y la ineptitud estatal; tal vez en este bando haya quienes se atrevan a ir más allá, reivindicando el ejemplo como una muestra (quizás torcida, pero valedera) de lo que puede lograr uno del patio con su ingenio en un ámbito como la informática de punta, donde tanto se nos ha querido convencer que no tenemos nada que buscar.
Aventurándome más en este ejercicio especulativo, llego a fantasear que esta decidida facción de simpatizantes gane respaldo mayoritario, con lo que a vuelta de unos años tendríamos al desagraviado hacker como docente e investigador estrella del área de Nuevas Tecnologías de la Universidad de Manila, convertida en La Meca donde debe peregrinar todo interesado en la experticia como detector y destructor de virus electrónicos. Aquí el sueño se interrumpe y debo volver a la prosaica realidad (filipina o venezolana, que igual vale), donde la mediocridad del poder y la cultura dominante jamás comprenderá el enorme potencial positivo y creador que con inteligencia podría descubrirse tras una acción subversiva de esta naturaleza. De manera que mucho me temo que lo último que se sabrá públicamente de Oniel o Reomel será cuando algún fin de semana aparezca en la versión en tágalo de Sábado Gigante junto al Don Francisco de Mindanao, donde protagonizará un reencuentro enternecedor con la maestra que le enseñó Word Star en 1991.
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Propuesta de re-estructuración y actualización de programa para la asignatura de pregrado Sociología (Cod. 0119)
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[Presentada por el Profesor NELSON MÉNDEZ en 2001 y aprobada ese mismo año. La asignatura se dicta en el Departamento de Enseñanzas Generales, Ciclo Básico, Facultad de Ingeniería, Universidad Central de Venezuela, Caracas]
Propósito:
Es ya un hecho aceptado que la formación de pregrado en Ingeniería para sus distintas especialidades, exige no sólo de la capacitación en conocimientos y prácticas que son inherentes a la profesión, sino que además debe incluir la reflexión en torno a los procesos sociales en los que se enmarca esa actividad. Siendo así, es importante que exista la opción de una asignatura como Sociología, que provee del instrumental teórico-metodológico para que estudiantes de las diversas ramas de la Ingeniería puedan iniciarse en el conocimiento y discusión de las determinantes socio-históricas básicas que circundan a la acción y proyección de la Ingeniería, en tanto actividad que se ejerce en y para la sociedad, permitiendo comprender sistemáticamente la inter-relación existente entre la práctica ingenieril y la dinámica social contemporánea.
Además, las circunstancias del país exigen que la formación académica del pregrado en Ingeniería profundice en reforzar el compromiso que sus futuros egresados deben tener con el progreso social, económico y cultural de la nación; tarea en la cual una asignatura como ésta tiene un papel innegable, en tanto dota a sus cursantes de elementos para comprender científicamente la realidad social venezolana y para actuar con criterios racionales en su transformación positiva, lo que es de suma importancia considerando lo que la Ingeniería ha hecho y puede hacer en Venezuela.
Objetivos de Aprendizaje:
A) Objetivos generales
1.- Dotar al cursante de la asignatura con los conceptos y métodos de análisis básicos que la Sociología utiliza para comprender los fenómenos que estudia, orientando ese conocimiento a una reflexión aplicada sobre la realidad social venezolana.
2.- Estudiar y discutir las determinantes sociales que las actividades científico-técnicas, y en específico la Ingeniería, han experimentado en los ámbitos que estudia la Sociología.
3.- Comprender y debatir sobre el papel que la Ingeniería, y por extensión toda práctica científico-tecnológica, tienen en la transformación y desarrollo de la vida social contemporánea.
B) Objetivos específicos:
1.- Constatar las características de la Sociología, en tanto ciencia dotada de herramientas teóricas y metodológicas que hacen posible estudiar a una sociedad como la Venezuela actual.
2.- Aplicar el instrumental sociológico que permite establecer las correlaciones básicas que existen entre lo social y lo científico-técnico en general, y lo social y lo ingenieril en específico.
3.- Determinar el rol social de la Ingeniería y sus profesionales en la Venezuela contemporánea, así como su responsabilidad en el progreso científico y tecnológico de la nación.
Evaluación:
Exposición individual ....................................... 25%
Prueba corta Unidad I ....................................... 15%
Prueba corta Unidades II y III .............................. 25%
2 entregas de prensa comentadas (15% c/u) ................... 30%
Participación y asistencia .................................. 5%
La fecha fijada para cada evaluación será improrrogable; quien deje de asistir sin causa justificada no tendrá posibilidad de recuperar dicha evaluación. Es obligatorio un 75% o más de asistencia a las horas de clase dictadas en el semestre.
Contenidos:
Unidad I: Sociología, mundo contemporáneo y sociedad venezolana
I.1 Definiciones esenciales, instrumentos y ámbitos de la Sociología.
I.2 Estructura y dinámica social: temas clásicos y básicos de la Sociología
I.3 Problemas actuales de la interpretación sociológica: ¿Postmodernidad, Globalización y/o sociedad del conocimiento?
I.4 El lugar de la Sociología en el “Tercer Mundo”: ¿Existe, debe construirse o hay que esperar su aparición?
I.5 Elementos para la interpretación sociológica de la realidad venezolana.
Unidad II. Ciencia, Tecnología e Ingeniería como procesos sociales
II.1 Marco conceptual para el análisis sociológico de los procesos científico-tecnológicos.
II.2 Formación de las sociedades contemporáneas y transformaciones científico-técnicas: Caracterización del proceso en el centro y en la periferia.
II.3 Ciencia y Tecnología en el mundo actual: Balance desde el punto de vista sociológico.
II.4 Perspectivas que asoman: ¿utopías positivas o negativas?
Unidad III: Ciencia, Tecnología e Ingeniería en el contexto social venezolano
III.1 Bases teóricas y metodológicas para una Sociología de la Ingeniería en Venezuela
III.2 Bosquejo socio-histórico de la Ingeniería nacional desde la Colonia hasta mediados del siglo XX.
III.3 Ingeniería y modernización en Venezuela desde la segunda mitad del s. XX. Aspectos económicos, políticos, culturales y sociales que han marcado a esa relación.
III.4 Consideraciones para una visión sociológica de la Ingeniería y los ingenieros en la actual Venezuela.
Requisitos:
Formales: Ser estudiante de cualquier especialidad del pregrado de Ingeniería, con 57 ó más unidades aprobadas.
Académicos: Para obtener resultados satisfactorios en la asignatura, el cursante debe ser capaz de: 1) Comprender y utilizar la terminología básica requerida para aproximarse a la Sociología; 2) Redactar comunicaciones y ensayos cortos sobre la temática a examinar, con adecuada redacción, ortografía y sintaxis; 3) Poder expresarse oralmente con propiedad en exposiciones y debates; 4) Familiaridad con los medios de investigación apropiados (bibliografía y otras fuentes impresas, recursos audiovisuales y multimedia, Internet).
Horas de contacto:
Hay tres horas de clase por semana, en sesiones de 1 y 2 horas respectivamente. Sobre un total de 48 horas en 16 semanas que comprende el semestre, se estima la siguiente distribución: 1 hora de presentación de la materia, 21 horas de clases teóricas, 18 horas de exposición, 2 horas para pruebas cortas, 4 horas para discusión colectiva de las entregas de prensa, y 2 horas de repaso. Además, el profesor establecerá un horario de consulta semanal con dos horas adicionales, para atender dudas, observaciones y solicitudes de los estudiantes en lo relacionado con la asignatura.
Programación cronológica:
Presentación: Primera hora de la primera semana.
Unidad I: De 2da. hora de Semana 1 a 1ra. hora de Semana 7 (18 horas)
1ra. entrega de prensa y 1ra. prueba corta: 2 hs. Semana 7 y 1 h. Semana 8 (3 horas)
Unidad II: 2 hs. Semana 8 a Semana 11 (11 horas)
Unidad III: Semana 12 a Semana 15 (12 horas)
2da. prueba corta y 2da. entrega de prensa: Semana 16 (3 horas)
Bibliografía:
- BOOKCHIN, Murray: “Textos sobre Ecología, Tecnología y Sociedad”
- CASTELLANO, Hercilio: Planificación: Herramientas para enfrentar la Complejidad, la Incertidumbre y el Conflicto, Caracas, CENDES - Vadell Hnos., 1997.
- CASTELLS, Manuel: La Era de la Información (III Vol.), Madrid, Alianza, 1997.
- CENTRO GUMILLA (Editores): Curso de Formación Sociopolítica (Nros. 1, 6, 7, 8, 15, 21, 25, 26, 27, 35 y 36), Caracas, 1997-1998.
- Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT): Indicadores de la Capacidad de Investigación en Ciencia y Tecnología 1995, Caracas, 1996.
- CONICIT: Página Web.
- Cuadernos LAGOVEN (Editores): La Ciencia en Venezuela: Pasado, Presente y Futuro; Caracas, 1992.
- Fundación Polar: Diccionario Multimedia de Historia de Venezuela, Caracas, 2000.
- GIDDENS, Anthony: Sociología, Madrid, Alianza, 1997.
- HARRIS, Marvin: Nuestra Especie, Madrid, Alianza, 1997.
- HERNÁNDEZ MONTOYA, Roberto: Breve Teoría de Internet
- LANDER, Edgardo: La Ciencia y la Tecnología como Asuntos Políticos, Caracas, UCV Nueva Sociedad, 1994.
- LICHA, Isabel: Tecnoburocracia y Democracia en Venezuela 1936-1984, Caracas, Trópykos, 1990.
- MALDONADO-BOURGOIN, Carlos: Ingenieros e Ingeniería en Venezuela, Caracas, Tecnoconsult, 1997.
- Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT): Página Web
- MÉNDEZ, Nelson: “Esbozo Cronológico Comentado para una Historia Social de la Ingeniería en Venezuela”, Revista de la Facultad de Ingeniería (UCV, Caracas), Vol. 12, # 1-2, pp. 7-12, diciembre 1997.
- “ , “ : “Capitalismo y Estado Tecno-represor en el Umbral del siglo XXI: Construyendo el Panóptico de la Postmodernidad”, Anuario ININCO – Investigaciones de la Comunicación (FHE-UCV, Caracas), # 9, 1998, pp.183-196.
- Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI): Textos sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad y sobre Innovación Tecnológica
- VALARINO, Raul y otros: “La responsabilidad social del Ingeniero, Arquitecto y profesionales afines, ante la actual crisis del país”, Caracas, 1989 (mimeo).
- TIRADO, Getulio y otros: La Problemática Tecnológica Latinoamericana y sus Implicaciones para el Desarrollo de una Ingeniería Nacional, Caracas, CENDES, 1978.
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[Presentada por el Profesor NELSON MÉNDEZ en 2001 y aprobada ese mismo año. La asignatura se dicta en el Departamento de Enseñanzas Generales, Ciclo Básico, Facultad de Ingeniería, Universidad Central de Venezuela, Caracas]
Propósito:
Es ya un hecho aceptado que la formación de pregrado en Ingeniería para sus distintas especialidades, exige no sólo de la capacitación en conocimientos y prácticas que son inherentes a la profesión, sino que además debe incluir la reflexión en torno a los procesos sociales en los que se enmarca esa actividad. Siendo así, es importante que exista la opción de una asignatura como Sociología, que provee del instrumental teórico-metodológico para que estudiantes de las diversas ramas de la Ingeniería puedan iniciarse en el conocimiento y discusión de las determinantes socio-históricas básicas que circundan a la acción y proyección de la Ingeniería, en tanto actividad que se ejerce en y para la sociedad, permitiendo comprender sistemáticamente la inter-relación existente entre la práctica ingenieril y la dinámica social contemporánea.
Además, las circunstancias del país exigen que la formación académica del pregrado en Ingeniería profundice en reforzar el compromiso que sus futuros egresados deben tener con el progreso social, económico y cultural de la nación; tarea en la cual una asignatura como ésta tiene un papel innegable, en tanto dota a sus cursantes de elementos para comprender científicamente la realidad social venezolana y para actuar con criterios racionales en su transformación positiva, lo que es de suma importancia considerando lo que la Ingeniería ha hecho y puede hacer en Venezuela.
Objetivos de Aprendizaje:
A) Objetivos generales
1.- Dotar al cursante de la asignatura con los conceptos y métodos de análisis básicos que la Sociología utiliza para comprender los fenómenos que estudia, orientando ese conocimiento a una reflexión aplicada sobre la realidad social venezolana.
2.- Estudiar y discutir las determinantes sociales que las actividades científico-técnicas, y en específico la Ingeniería, han experimentado en los ámbitos que estudia la Sociología.
3.- Comprender y debatir sobre el papel que la Ingeniería, y por extensión toda práctica científico-tecnológica, tienen en la transformación y desarrollo de la vida social contemporánea.
B) Objetivos específicos:
1.- Constatar las características de la Sociología, en tanto ciencia dotada de herramientas teóricas y metodológicas que hacen posible estudiar a una sociedad como la Venezuela actual.
2.- Aplicar el instrumental sociológico que permite establecer las correlaciones básicas que existen entre lo social y lo científico-técnico en general, y lo social y lo ingenieril en específico.
3.- Determinar el rol social de la Ingeniería y sus profesionales en la Venezuela contemporánea, así como su responsabilidad en el progreso científico y tecnológico de la nación.
Evaluación:
Exposición individual ....................................... 25%
Prueba corta Unidad I ....................................... 15%
Prueba corta Unidades II y III .............................. 25%
2 entregas de prensa comentadas (15% c/u) ................... 30%
Participación y asistencia .................................. 5%
La fecha fijada para cada evaluación será improrrogable; quien deje de asistir sin causa justificada no tendrá posibilidad de recuperar dicha evaluación. Es obligatorio un 75% o más de asistencia a las horas de clase dictadas en el semestre.
Contenidos:
Unidad I: Sociología, mundo contemporáneo y sociedad venezolana
I.1 Definiciones esenciales, instrumentos y ámbitos de la Sociología.
I.2 Estructura y dinámica social: temas clásicos y básicos de la Sociología
I.3 Problemas actuales de la interpretación sociológica: ¿Postmodernidad, Globalización y/o sociedad del conocimiento?
I.4 El lugar de la Sociología en el “Tercer Mundo”: ¿Existe, debe construirse o hay que esperar su aparición?
I.5 Elementos para la interpretación sociológica de la realidad venezolana.
Unidad II. Ciencia, Tecnología e Ingeniería como procesos sociales
II.1 Marco conceptual para el análisis sociológico de los procesos científico-tecnológicos.
II.2 Formación de las sociedades contemporáneas y transformaciones científico-técnicas: Caracterización del proceso en el centro y en la periferia.
II.3 Ciencia y Tecnología en el mundo actual: Balance desde el punto de vista sociológico.
II.4 Perspectivas que asoman: ¿utopías positivas o negativas?
Unidad III: Ciencia, Tecnología e Ingeniería en el contexto social venezolano
III.1 Bases teóricas y metodológicas para una Sociología de la Ingeniería en Venezuela
III.2 Bosquejo socio-histórico de la Ingeniería nacional desde la Colonia hasta mediados del siglo XX.
III.3 Ingeniería y modernización en Venezuela desde la segunda mitad del s. XX. Aspectos económicos, políticos, culturales y sociales que han marcado a esa relación.
III.4 Consideraciones para una visión sociológica de la Ingeniería y los ingenieros en la actual Venezuela.
Requisitos:
Formales: Ser estudiante de cualquier especialidad del pregrado de Ingeniería, con 57 ó más unidades aprobadas.
Académicos: Para obtener resultados satisfactorios en la asignatura, el cursante debe ser capaz de: 1) Comprender y utilizar la terminología básica requerida para aproximarse a la Sociología; 2) Redactar comunicaciones y ensayos cortos sobre la temática a examinar, con adecuada redacción, ortografía y sintaxis; 3) Poder expresarse oralmente con propiedad en exposiciones y debates; 4) Familiaridad con los medios de investigación apropiados (bibliografía y otras fuentes impresas, recursos audiovisuales y multimedia, Internet).
Horas de contacto:
Hay tres horas de clase por semana, en sesiones de 1 y 2 horas respectivamente. Sobre un total de 48 horas en 16 semanas que comprende el semestre, se estima la siguiente distribución: 1 hora de presentación de la materia, 21 horas de clases teóricas, 18 horas de exposición, 2 horas para pruebas cortas, 4 horas para discusión colectiva de las entregas de prensa, y 2 horas de repaso. Además, el profesor establecerá un horario de consulta semanal con dos horas adicionales, para atender dudas, observaciones y solicitudes de los estudiantes en lo relacionado con la asignatura.
Programación cronológica:
Presentación: Primera hora de la primera semana.
Unidad I: De 2da. hora de Semana 1 a 1ra. hora de Semana 7 (18 horas)
1ra. entrega de prensa y 1ra. prueba corta: 2 hs. Semana 7 y 1 h. Semana 8 (3 horas)
Unidad II: 2 hs. Semana 8 a Semana 11 (11 horas)
Unidad III: Semana 12 a Semana 15 (12 horas)
2da. prueba corta y 2da. entrega de prensa: Semana 16 (3 horas)
Bibliografía:
- BOOKCHIN, Murray: “Textos sobre Ecología, Tecnología y Sociedad”
- CASTELLANO, Hercilio: Planificación: Herramientas para enfrentar la Complejidad, la Incertidumbre y el Conflicto, Caracas, CENDES - Vadell Hnos., 1997.
- CASTELLS, Manuel: La Era de la Información (III Vol.), Madrid, Alianza, 1997.
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