viernes, 2 de enero de 2009

Inteligencia Artificial, Sistemas Expertos y sociedad: notas para la discusión

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NELSON MÉNDEZ

[Publicado en: Revista de la Facultad de Ingeniería – Universidad Central de Venezuela, Vol. 3, # 1, pp. 53-57, 1988]

Nuevas técnicas, nuevas posibilidades, nuevos mitos

En torno a las computadoras y a la informatización se ha constituido la expresión más acabada de la mitología que hoy rodea al desarrollo científico- tecnológico. El lenguaje a veces críptico de los expertos, sumado a los interesados panegíricos de vendedores y productores de equipo y software, tienden a oscurecer las determinantes sociales que condicionan la elogiada capacidad de estas creaciones tecnológicas para racionalizar los procesos donde intervienen. Los intereses de poder político y económico que dominan en el mundo contemporáneo han hecho de la Computación e Informática elementos centrales en la búsqueda de mayor rentabilidad, y es allí donde está la clave de la racionalización, técnica pero a la vez social, que se pretende impulsar. Este proceso se manifiesta en concreto durante los últimos años en el plano de la producción, con la masiva reconversión industrial estimulada por los monopolios transnacionales, cerrando fábricas tradicionalmente obsoletas e invirtiendo en nuevas plantas automatizadas, allí donde la competitividad lo exige; mientras que también en el nivel técnico-administrativo se expresan estos afanes racionalizadores, por vía de la llamada gestión computarizada de empresas; todo esto cimentado sobre dos hitos tecnológicos básicos: la computadora digital y la miniaturización de sus componentes.(1)

Actualmente, el modelo dominante de racionalidad en Computación e Informática impulsa la investigación, desarrollo y puesta a punto de la ya mítica “5ta. Generación” de computadoras, donde se incorpora la Inteligencia Artificial (IA) —capacidad de una máquina para simular diversos aspectos de la inteligencia humana— que permitiría lograr objetivos tan ambiciosos como la comunicación en lenguaje natural con el usuario, el manejo de bases de datos muy estructuradas y el uso de técnicas de deducción lógica. Al fin, según señalan sus entusiastas promotores, se estaría en camino de convertir a la computadora de procesadora de información a procesadora de conocimientos. Por lo demás, la IA es hoy más que una remota posibilidad experimental; desde principios de esta década sus potencialidades concretas se han manifestado a través de los Sistemas Expertos (SE), los cuales resuelven problemas específicos en áreas, antaño, de competencia absoluta de expertos humanos, con aplicaciones exitosas o muy prometedoras en variados terrenos: juegos, traducciones, diagnóstico médico, interfaces hombre-máquina en lenguaje natural, etc. Las estimaciones sobre el mercado de SE para los Estados Unidos indican que pasó de un volumen de operaciones por 6 millones de dólares en 1981 a 50 millones en 1986, llegando en 1987 a los 120 millones de dólares, mientras que a escala mundial se indicó para este mismo año un mercado de 200 millones de dólares.

Pese a tan notable expansión, todavía está por venir el verdadero impacto de la IA en la transformación de los procesos productivos y de gestión de empresas; ese es el verdadero reto planteado para el desarrollo de la 5ta. Generación y, en tal sentido, se esperan lograr frutos significativos en las siguientes áreas de investigación y desarrollo:

a) Automatización del trabajo manual:
Se avanza en resolver la principal limitación de los actuales robots industriales, los cuales carecen del control autónomo asociado a la posibilidad de analizar y reconocer imágenes visuales. También se busca, con ayuda de la IA, que las tareas de diagnóstico y mantenimiento de equipo puedan automatizarse, simplificando labores que se han resistido a encuadrarse dentro de los moldes típicos de la división capitalista del trabajo.

b) Automatización del trabajo intelectual:
Es el campo preciso de los SE, cuyo objetivo es permitir automatizar la toma de decisiones racionales en áreas específicas. Además, se investiga en la aplicación de la IA en el manejo de bases de datos muy estructuradas y con la opción de arribar a inferencias no triviales al correlacionar la información almacenada en la computadora. Con esto se daría un paso decisivo en la “taylorización” del trabajo técnico-administrativo.

c) Automatización de la comunicación entre las computadoras y su entorno:
Como consecuencia y complemento de lo arriba expuesto, se quiere facilitar la interfase hombre-máquina con el uso del lenguaje natural, el cual sería no sólo comprendido sino generado por la computadora. Igualmente, se trabaja en cómo poder acrecentar automáticamente bases de datos, vía adquisición y estructuración de información tomada del entorno, con lo que se podrían reconocer, por parte de la máquina, situaciones imprevistas y emitir decisiones al respecto. De concretarse estas expectativas, se minimizarían las incertidumbres que rodean el asumir ante los problemas soluciones que sean racionales al orden establecido.

¿Poder de la inteligencia o inteligencia del poder?

La aparentemente lógica y neutral determinación de los objetivos técnicos a seguir por el trabajo en la IA y los SE, no es inocente en términos sociales. Recordemos que en las casi tres décadas de investigación en este campo, el interesado proveedor financiero fundamental ha sido el aparato militar norteamericano, que impone por lo tanto sus condicionamientos en estas tareas, con los cuales se estipula no sólo el resultado final sino la ruta, los medios y hasta las personas que deben alcanzarlos; todo en el marco de los parámetros productivistas y racionalizadores propios del desarrollo científico-tecnológico bajo el capitalismo.(2) Por lo tanto, la real meta de este tipo de investigación en la IA no es producir o simular la inteligencia humana en genérico, sino más bien aquellas habilidades o potencialidades intelectuales que, previa reducción a modelo formal manejable por la computadora, puedan adecuarse y utilizarse en pro de la racionalidad económico-social imperante, o peor aún, en el diseño y operación de un aparato militar inhumano, tanto en sentido estricto como metafórico, que pueda utilizar las virtudes desodorizadas del intelecto sin las molestas incertidumbres del sentimiento.

Los intentos por objetivizar la definición y cualidades de la inteligencia a través de expresiones matemáticas programables, son un síntoma de esa tentación reduccionista que hasta ahora ha acompañado a la investigación sobre la IA. Hubert y Stuart Dreyfus anotan esperanzadamente: «Las máquinas inteligentes probablemente nunca reemplazarán la capacidad humana, porque nosotros mismos no somos ‘máquinas pensantes’»; tan optimista aseveración puede verse desmentida cuando el reduccionismo en este campo avance al próximo peldaño: una vez formalizado un modelo de lo que es inteligencia, sólo será tal cosa lo que cumpla con el canon establecido. Es decir, la suplantación de la realidad por el modelo que la interpreta aquí resulta un evento casi inexorable, dado que las fuerzas económico-sociales dominantes están ciertamente interesadas en dicha sustitución.

El problema de los condicionamientos sociales en la IA y los SE es mucho más complejo que el de relaciones simples y externas de causa-efecto entre dos realidades: la científico-tecnológica y la social, que serían de distinto orden objetivo. En la determinación de la IA y los SE como áreas de investigación y desarrollo han operado influencias económico-sociales que no se limitan únicamente a esperar con paciencia los resultados de un conocimiento científico generado con plena independencia, sino que han intervenido directamente en la conformación y delimitación del objeto de estudio. Así lo observamos en la imposición de una conceptualización específica en torno a las nociones de “inteligencia” y “experto”, tal y como son compatibles y útiles al modelo de dominación establecido. Por supuesto, nos parecen muy restrictivos los análisis del tema que procuran simplificarlo a problema tecno-científico en el sentido estrecho, donde, por ejemplo, las dificultades de un enfoque reduccionista de la inteligencia encuentra salida invocando el potencial taumatúrgico del multiprocesador;(3) tampoco comulgamos con posiciones de principio abierta o soterradamente antitecnológicas; la IA y los SE pueden dar mucho como herramientas tecnológicas en la construcción de alternativas sociales, aunque entendiendo que a su vez dentro de estas áreas deben modificarse los condicionamiento sociales vigentes.

Al considerar el modo como la IA y los SE se ven afectados por las determinaciones sociales propias del capitalismo, sería torpe si nos limitásemos a condenar la labor de los científicos que se han dejado mediatizar por esas determinaciones, al tiempo que sugiriéramos a otra legión más “iluminada” de expertos para la tarea de cambiar la situación. El problema no está en las virtudes ideológicas de este o aquel grupo de investigadores, sino en proponerse la superación de un modo particular de entender y practicar la relación ciencia-tecnología-sociedad que hoy niega a la gran mayoría posibilidades de comprender y decidir al respecto. Antes apuntamos cómo los condicionamientos sociales dominantes han incidido en la creación y evolución de la IA y los SE, sin que pretendiéramos por ello estigmatizar toda esta esfera de conocimiento con un pecado original imborrable. Es falso el dilema de “Informática del poder” versus “Informática popular”, planteadas casi como dos ciencias distintas y excluyentes. Hay una sola Informática, con campos particulares de actividad como el que nos ocupa en estas páginas, pero ese dominio objetivo de la investigación científica necesariamente expresa en su constitución la realidad social del capitalismo avanzado donde nació.

En el mundo contemporáneo, el conflicto social fundamental se origina en las demandas de igualdad y libertad por la mayoría ante las minorías que dominan. En buena medida, esa hegemonía se sustenta cada vez más en el control de flujos y contenidos de información, por lo que resulta obvio el interés estratégico que tiene la evolución de la Informática para los dominantes (que así mantienen sus privilegios y la posibilidad de desinformar a los demás) y los dominados (para informarse, que es un primer paso para liberarse). Democratizar el acceso y la creación en la IA y los SE, por extensión también a todos los terrenos de la Informática, no es mero ejercicio demagógico o buen deseo para nunca jamás, se trata de una necesidad que cada día cobrará más relieve en la propuesta de una democratización real para la sociedad. Indiquemos, adicionalmente, que con esto no propugnamos una imposible e indeseable uniformización de conocimientos entre los integrantes de la comunidad; la capacidad del experto seguirá siendo necesaria y confiamos en que se verá favorecida en un cuadro de relaciones sociales liberadoras de potencialidades individuales y colectivas.(4)

Lujo o necesidad: una polémica estéril

Consideración aparte merece el tópico de cómo evaluar la investigación en la IA y los SE hecha en el Tercer Mundo en general, y en Venezuela en particular. El debate sobre lo justificado de realizar investigación definida habitualmente como de punta o avanzada suele remitir a una disyuntiva equívoca que vale la pena analizar. Tenemos la posición de quienes, cuestionan este tipo de labor, confundiendo lo relativamente novedoso o complejo de la temática que se trabaja con un pretendido exotismo, que convierte a determinados objetivos científicos en políticamente sospechosos y hasta inútiles en la práctica si se confrontan desde nuestras latitudes. Se estima que hasta en el caso de llegar a resultados de interés, estos nada más tienen valor efectivo para el aparato científico del mundo desarrollado, siendo la única tarea apreciable de investigación para el Tercer Mundo aquella que se proponga dar solución inmediata a los problemas más urgentes de nuestro ámbito. En el otro extremo, con argumentos que son la imagen especular de los antedichos, están los defensores de la necesidad de estimular a toda costa proyectos de avanzada que pueden ser de elevado costo y no producir efectos tecnológicos de aplicación práctica e inmediata, pero nos proporcionan un lugar bajo el sol en el mundo científico. Aquí el supremo argumento es “no quedarnos atrás”, en un proceso de evolución de la ciencia que se concibe como validado en sí mismo.

Ambas valoraciones parecen erradas en tanto se sustentan en una concepción de la ciencia como totalmente autónoma, o al menos algunas de sus manifestaciones se entienden como socialmente inmodificables. Si bien resulta evidente que el actual sistema de producción y difusión de resultados de investigación se ha orientado por y para los países centrales, ello no debe entenderse como un imperativo para abandonar esferas como las de la IA y los SE que, quizás precisamente por ser reciente su aparición, pueden significar ganar un espacio en áreas donde por ahora es menos sólida la hegemonía del mundo desarrollado, como también que nuestras sociedades tengan posibilidades de resolver algunos de sus problemas, incluso sin esperar automático cumplimiento de metas utilitarias preconcebidas. Ha sido un error para el Tercer Mundo ver al conocimiento científico como una estructura piramidal, donde para llegar a la cúspide representada por la investigación de “punta”, hay que erigir con laboriosidad una base compuesta por todo el saber anterior; tampoco es convincente que en nuestras sociedades se pretenda visualizar a los logros científicos como trechos de una carrera donde nada más interesa estar adelante, olvidando que si se trata de una competencia, entonces la pista y las reglas fueron diseñadas para otros.

En conclusión y apretada síntesis de las reflexiones que dieron pie a este texto: La ciencia es un proceso en constante reelaboración de sus conocimientos constituyentes, parcialmente autónomo y a la vez socialmente dependiente, sin que ese condicionamiento social sea invariable en sus referentes y resultados. Proporciona instrumentos de cambio que a su vez pueden ser modificados, por lo que sería deseable que en nuestras circunstancias exploremos con optimismo cauto las alternativas que ofrece, en especial aquellas que como la IA y los SE todavía no están plenamente incorporadas al instrumental de la dominación científico-tecnológica, siendo posible aún una orientación a su desarrollo en función a usos técnico-sociales verdaderamente satisfactorios a las necesidades que determinen las mayorías, políticamente conscientes y movilizadas.(5)

Notas

(1) Un análisis completo sobre estos tópicos, en el libro de P. Manacorda (ver referencias).

(2) La decisiva intervención del complejo militar-industrial de los EE.UU. en la investigación sobre la IA y los SE es descrita con abundantes detalles en el artículo de Ch. Lamaitre.

(3) Ver el artículo de M. Dertouzos, que además plantea una descripción y debate sobre esta nueva tecnología.

(4) Ideas esbozadas en los dos párrafos anteriores tienen excelente tratamiento en los trabajos de J. Sutz sobre informatización en América Latina, en especial el que citamos en las referencias.

(5) Sobre aspectos afines de la problemática ciencia-tecnología-sociedad, desarrollamos ideas afines a las aquí expuestas en nuestro artículo sobre “Tecnologías Alternativas: ...”

Referencias

- Dertouzos, Michael: “The Multiprocessor Revolution:.. .“. Technology Review. Edit.: M.I.T., Boston. Febrero-Marzo, 1986.

- Dreyfus, H. y S. Dreyfus: “Why computers may never think like people”. Technology Review. Edit.: M.I.T., Boston. Enero, 1986.

- Lamaitre, Christian: “Inteligencia Artificial: . . .“ David y Goliath. Edit.: CLACSO. Buenos Aires. Abril, 1987.

- Manacorda, Paola: El Ordenador del Capital. Edit. Blume. Madrid, 1982.

- Méndez, Nelson: “Tecnologías Alternativas: . . .“. Acta Científica Venezolana. 37 (5). Edit. AsoVAC. Caracas, 1986.

- Sutz, Judith: “Informatización y Sociedad . . .“. Tesis de Maestría (inédita). CENDES. Caracas, 1985.

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