viernes, 2 de enero de 2009

No es pro-vida, es anti-aborto

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NELSON MÉNDEZ

[Publicado originalmente el 6 de febrero de 2001 en: http://www.analitica.com/bitblio/nelson_mendez/]

Entre los grupos de presión a quienes se han considerado favorecidos por el ascenso de George W. Bush a la presidencia de Estados Unidos, los medios de difusión resaltan al auto-denominado "Movimiento Pro-Vida", uno de los más conspicuos exponentes de lo que el auge derechista en proceso quiere imponer como "pensamiento único" para el comienzo del Siglo XXI, en un cóctel cuyos ingredientes son fundamentalismo religioso de variopinto pelaje, ideas tecnocráticas de asepsia sospechosa, más infaltables toques de xenofobia y racismo. Así mismo en Europa esta "nouvelle vague" reaccionaria ha tenido poderoso impulso manipulando ansiedades ante la disminución de la natalidad, el envejecimiento de la población y la inmigración de los "extra-comunitarios". Tampoco en América Latina hemos escapado al insistente alboroto de esta cruzada, así que es pertinente examinar su multisápida argumentación, en particular apuntando hacia su objetivo básico, que más que defender la existencia humana es hacer de la interrupción del embarazo un acto culpable, clandestino y peligroso, sin proponerse eliminar sus causas o tornarlo innecesario, ya que sólo piden represión del hecho.

La base principal del ideario de estos antiabortistas - pues ello es lo que son en esencia - está en su muy peculiar vitalismo: se asegura que el feto es vida humana para dar argumentos en base a un significado ambiguo del termino "vida". La cosa es hablar de vida en el feto con igual sentido a si se tratase de vida extrauterina, como si ya se presentase en el seno materno esa condición de autonomía y separación del otro que define la existencia individual humana. Se invoca el silogismo marrullero de: "el feto es vida", "la persona es vida", y por lo tanto "el feto es persona"; se podria decir igual: "el feto es vida", "el ministro corrupto es vida", luego "el feto es un ministro corrupto"; o también "el feto es vida", "mantener una familia con el salario mínimo no es vida", de ahí que "el feto no es mantener la familia con el salario mínimo".

Para evitar esas complicaciones lógicas, a veces se matiza calificando al embrión como "germen" o "simiente", ardid que elude el inconveniente de catalogar como persona a quien no lo es; pero a la hora de proponer sanciones, se habla de "indefenso niño", en malabarismo semántico para convertir lo que es (el mentado "germen") en lo que podría ser (persona, niño y hasta "individuo útil a la sociedad"). La base de todo es un principio que parece inatacable: el respeto absoluto a la persona humana, pues si se empieza por "matar" embriones, se seguiría con impedidos, ancianos y otros que estorben en una sociedad del asesinato legalizado. Esto sonaría convincente si se olvida el intencional enredo que el antiabortismo hace con el concepto de vida humana y en la definición de quién es persona. Si se entrampan a si mismos, allá ellos; pero pretender que los demás aceptemos su confusión de simiente con gente o, peor aún, atribuir al prójimo que no comparte sus lucubraciones siniestros designios de ahorcar viejitos, fusilar discapacitados o la eliminación de los feos no pasa de ser una solemne idiotez, y vaya Ud. a saber si hasta proyección en los demás de los propios deseos reprimidos. Que esto último no es especulación gratuita parecen evidenciarlo los infaltables sondeos estadísticos norteamericanos, que señalan a una amplia mayoría de estos paradójicos "paladines por la vida" aceptando y justificando tanto la pena de muerte en particular, como en general toda acción represivo-autoritaria de los poderes establecidos contra los que política y socialmente son más débiles.

7 pecados capitales del antiabortismo

1) Para sorpresa de nadie, los adversarios del aborto lo son también de difundir información sexológica comprensible y métodos anticonceptivos, como si les pareciera más peligrosa que el aborto la posibilidad de romper con una sexualidad reprimida, acomplejada e institucionalizada. Por eso - en el caso de Venezuela - poco les importa investigar y denunciar a las clínicas de aborto clandestino que impunemente se benefician de la situación, o se hacen de la vista gorda ante la incompetencia de los servicios públicos de salud en atender y educar a una colectividad que en este ámbito carece de casi todo. Mientras menos se sepa y más se tema por ignorancia de lo sexual tanto mejor, dirían los antiabortistas, especialmente refiriéndose al derecho de las mujeres para informarse y decidir sobre el propio cuerpo.

2) Se baten lanzas por defender "la vida del niño" en el seno materno, con furia generalmente inversa a la preocupación que esos combatientes del engendramiento suelen tener por una existencia plena fuera de allí, en particular si se trata de la infancia nacida en la pobreza, que en el mejor de los casos apenas es vista como merecedora de la caridad necesaria para mantener a esa chusma a raya.

3) Se estigmatiza como "asesinato" la cancelación voluntaria del embarazo, pero... ¿Acaso los abortos causados por hambre, insalubridad, malas condiciones laborales y brutalidad machista son legítimos y en nada condenables porque en ellos no hay libre decisión de la involucrada?... ¿Cómo pedir penalidad para el aborto por "antinatural" si es tan frecuente (un tercio o más de los embarazos humanos) su ocurrencia involuntaria?

4) Nada más se considera persona al embrión humano para culpabilizar la interrupción de la gravidez, nunca para extender ese reconocimiento a otros efectos como bautizo, cumpleaños, registro civil, herencia, sepelio, etc. Seguramente a los financistas del "Movimiento Pro-Vida" les debe parecer el colmo del extremismo que las trabajadoras de sus empresas reclamasen prima por hijos y prima por fetos.

5) El antiabortismo es a la par misógino y natalista a ultranza. La misoginia o antifeminismo es por considerar a la mujer como inferior, simple maquina reproductora al servicio de la especie (o de la "patria"), incapaz de determinar por si misma las condiciones de una maternidad feliz. El natalismo se expresa concibiendo la sexualidad esencialmente en términos de sus resultados reproductivos eficientes, una añeja concepción de las clases dominantes que parecía enterrada por la secularización cultural y los riesgos de la explosión demográfica, pero que ahora resurge en el capitalismo avanzado afincada en temores racistas y chauvinistas.

6) La tradición judeo-cristiana ve en lo sexual una manifestación en esencia pecaminosa y diabólica; jamás lo considera necesaria dimensión de humanidad, por el contrario, es pura animalidad que debe ser domesticada. Por eso las religiones occidentales siempre han repetido que el embarazo es "el fruto del pecado" o "el precio del placer", aunque se obvia que el disfrute de ese placer es, demasiadas veces, acto cuasi-masturbatorio del hombre que limita a la mujer como mera receptora pasiva y paciente, a quien los hijos le llegan no por su libre decisión sino porque "Dios quiere".

7) El Poder ha sentido desde siempre una profunda aversión por todo placer, diversión o juego que no pueda ser controlado o reprimido en sus potencialidades liberadoras ante la opresión y alienación cotidianas; recuérdese que pese a las apariencias de permisividad, el orden actual es receloso u hostil a expresiones de felicidad fuera de su control. Y en ello está además la contenida envidia de quienes piensan: "...si esos sinvergüenzas hacen eso y nada les castiga... ¿no estaré perdiéndome de lo bueno como un mismísimo pendejo?".

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